1967, Discos, Música, Velvet Underground

The Velvet Underground – "The Velvet Underground & Nico"

 Rompedores, anárquicos, esenciales. Díficil encontrar propuestas tan fuera del tiempo, tan ajenas al óxido que impone el correr de los años, cómo la planteada por la Velvet Underground en lo que fue su primer disco grande. Tras el sucinto “peel slowly and see” de la cubierta se escondía una velada invitación a sumergirse en lo que era entonces -y sigue siendo ahora- vanguardia máxima del rock and roll; Lo más lejos que se podía llevar, -sin desvirtuarla, conservando la esencia-, la alquimia sonora alumbrada por Chuck Berry una decada atrás.

 Cómo suele pasar con aquellas obras dotadas de una cualidad transgresora, se tiende a caer en la tentación de considerar qué los neoyorquinos obtuvieron su arrebatador sonido por generación espontánea, impermeables a las influencias de su tiempo y lugar. Sin embargo, una escucha atenta de “The Velvet Underground & Nico” permite rastrear, siquiera en parte, la nómina referencial de la que se nutrían: Entre sus surcos se retorcía el rock and roll percusivo y esquemático de Bo Diddley, el pulso beat que llegaba del otro lado del océano y al que era imposible sustraerse, latigazos que retrotraían a lo puesto en práctica por el reciente (y a la vez lejanísimo, eran los tiempos de “John Wesley Harding”Dylan electrificado. Hilando más fino, incluso, podemos encontrar en los momentos más “poppies” del redondo concomitancias con el pasado de Lou Reed como compositor a sueldo, fabricante de hits, para Pickwick Records.

 Sin embargo, más allá de su música, el gran aporte de la Velvet es la dimensión dónde esta transcurría. Una dimensión urbana, densa, sórdida. La ciudad aparece en el rock. No una ciudad cómo sencillo telón de fondo, escenario incidental, para la historia de turno. No. La ciudad cómo ente en sí mismo, con sus arterias preñadas de yonquis, prostitutas y delincuentes; alfombrada de jeringas y recubierta de desencanto. Ahí, justo ahí era donde el imaginario del combo tomaba cuerpo.

 “Sunday Morning” abría el elepé con sabor a resaca y melancolía. Quizás por ser de las pocas piezas del album que guardaban algún remoto parecido con un tema radiable, fue elegida -junto con “All Tomorrow Parties”– cómo single. Sin embargo, no había sitio en las ondas del ’67 para tamaña exhibición de enigmática desazón, de pop torcido, perturbador.

 En “I’m Waiting For A Man”, sin embargo, el sonido adopta las formas de un robusto número de rock and roll, conducido por un obsesivo piano, cuya temática (ya saben, las vicisitudes del cliente y su dealer) resulta todo un desafío a los cánones líricos de la época. Estamos en 1967, recuerden, el mismo año en qué Paul McCartney admite, en una entrevista con maneras de interrogatorio, haber tomado ¡cuatro veces! LSD; el mismo año, en fin, que se consideraba noticioso y sorprendente que un músico admitiese su relación con las drogas.

 “Femme Fatale” retoma la faceta reposada, no por ello menos perturbadora, de la banda. Es a la postre el primer tema del disco en el que Nico lleva la voz cantante. Esa voz gélida, etérea e inexpresiva qué, pese a su físico, le alejó de ser una estrella del pop, restringiendo su área de influencia a las barriadas más avant-garde de la música. Un corte delicioso que da paso a los aires hindúes y evocadores de “Venus In Furs”, suerte de mantra eléctrico, con la amenazante percusión de Maureen Tucker, las pastosas rítmicas de Sterling Morrison, la guitarra de Reed sonando como un sitar y la viola de John Cale recubriendo un tema con una letra, ya lo avanza el título, en deuda con los escritos de Von Masoch.

 “Run, Run, Run” confusa mixtura de imaginería religiosa, mística y barbitúricos, retoma el pulso guitarrero, con una introducción en la qué podrían pasar por unos de esos avezados discípulos del rythm and blues en trayectoria ascendente de las islas británicas. Siguiendo lo que parecía ser la dinámica del álbum (esto es, alternancia entre disparos eléctricos y cortes a medio tiempo) “All Tomorrow Parties”, con Nico llevando de nuevo la voz principal y la guitarra-sitar de Reed envolviéndola en enigmáticos punteos, ponía sobre la mesa una historia con varias lecturas posibles: ¿Descripción o crítica de la vacuidad que envolvía el microcosmos de la Factory de Warhol de la cuál formaban parte? ¿Metáfora del paso del tiempo, de lo efímero de todo? ¿Elegía al final de la juventud, focalizada en ése viejo vestido? Muy posiblemente tratase de todo éso, y de algunas cosas más que se nos escapan.

 “Heroin”, palabras mayores. Nunca dos acordes encerraron tanto. Jamás, nunca, nadie, antes, había abordado su relación con las drogas de una manera tan directa, valiéndose de versos tan descarnados, prescindiendo de circunloquios (“… When i put a spike into my vein […] ‘Cause when the blood begins to flow […] Heroin, it’s my wife and it’s my life”) Y no, no estamos ante el único dato rompedor desde el punto de vista lírico. A diferencia de otros compañeros generacionales, plenamente identificados con su condición de drogodependientes, firmes creyentes de encontrarse en el lado adecuado del río (Estamos en los años de auge de las enseñanzas de Timothy Leary y su idealización de los barbitúricos, no lo olviden) Reed se muestra confuso, perdido. (“I don’t know, just where i’m going […] I wish that i was born a thousand years ago […] Away from the big city/ Where a man can not be free/ Of all this evils of this town”) Esas muestras de duda, al parecer, no fueron del agrado de Cale, qué buscaba un mensaje más totalitario, de una determinación absoluta. John, en éste caso, no se había enterado de nada.

 Tras semejante exhibición de épica suburbana, llegaba el turno de “There She Goes Again”. Con su riff fusilado de la relectura stoniana de“Hitch-Hike”, contenida en el celebérrimo “Out Of Our Heads”y su refrescante tramo final a base de coros y guitarrazos podía pasar por lo más cercano a los cánones de la british invasion que habían facturado. Sin embargo, su letra, en la que narraban sin muchos tapujos la caída de una mujer en las redes de la prostitución, alejaba rápidamente tales paralelismos y los reafirmaba en su condición de cronistas del lado sórdido de la realidad.

 “I’ll Be Your Mirror” volvía a poner en primer plano su faceta pop, de hecho fue cara b del single “All Tomorrow Parties” (Sorprendente, aunque comprensible, el empeño por parte de la compañía de presentar una imagen tan poco representativa de la Velvet en cuánto a la elección de los singles). Escrita por Reed ex profeso para Nico, estamos ante otra de esas delicadas piezas del repertorio velvetiano, ocultas a priori bajo su leyenda de distorsión y feedback.

  Arribando al final del trabajo encontrábamos “Black Angel’s Death Song” , dotada de una extraña cualidad folk que podría recordar a las andanzas del primer Dylan -¡Ese fraseo!- si no fuera por el perturbador envoltorio que le otorga la viola eléctrica de Cale y el cierre definitivo de “European Son”, ejercicio ruidista que preludia en buena medida parte de lo que econtraremos en “White Light/White Heat”.

  Instalados en la cara oscura que acarrea consigo el ser pionero (esto es, que adelantarse en demasía a la corriente imperante de un tiempo equivale a estar equivocado). Pocos réditos obtuvo la Velvet a lo largo de su accidentada singladura. Tanto menos en ésta primera etapa de su producción, fuertemente marcada por la experimentación y propulsada por un ánimo rupturista que se iría desvaneciendo hasta llegar a “Loaded”. Su legado preclaro, sin embargo, obtuvo justa resonancia con el correr de los años, siendo vindicados por las huestes post punks, krauts y noises. Por aquellos músicos, en general, dispuestos a remar a la contra de las corrientes dominantes, dispuestos a valerse del ruido, de la distorsión, cómo un medio más de expresión, integrándolo en su discurso. Sin embargo, nadie consiguió hacerlo tan asimilable y enigmático a un tiempo, tan disfrutable, pese a todo, como The Velvet Underground en su disco de debut.

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18 comentarios en “The Velvet Underground – "The Velvet Underground & Nico"

  1. Aplausos, querido Tyla, si me hubiesen “vendido” así a la Velvet hace años cuando (pobre de mí) lo primero que me venía a la mente cuando oía el nombre de los neoyorquinos era la imagen de un 'gafapasta'… por suerte, maduré je je je

    Saludos

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  2. Hey, Agente!

    En efecto, y por alguna increíble razón, la Velvet es uno de nombres (sucede también con Elvis Costello, Radio Birdman o The Clash, entre otros)qué nunca ha gozado de excesivo crédito por parte de esos medios ultrarockeros-rednecks-malotes-de-la-muerte qué tenemos en mente. Yo creo, y quizás esté pecando de inocente, qué la fama de decanos del gafapasteo se debe a cuestiones estrictamente extramusicales -las conexiones con Warhol y las presentaciones del Exploding Plastic Inevitable, por ejemplo- porque si nos atenemos a la música en sí, pocas propuestas más sórdidas, poderosas y barriobajeras que las planteadas por Lou y compañía en su ya mítico debut. ¡Esto si que es Sleazy en literalidad!

    Muchas gracias por tus palabras.

    Rock-On!

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  3. Una bomba atómica de explosión retardada (tan retarda que algunos todavía ni se han enterado de qué va porque a veces se lee cada cosa).Uno de los tres discos más influyentes del siglo XX y por supuesto la obra maestra de la VU.Más peligrosos,tóxicos y violentos que tantos nombrecillos que se citan por ahí(lo de la “aztitú rokera” de algunos comienza a ser un chiste).

    Prosigamos,un chute en vena,un bocado en la yugular a la música rock y al pop en general. La suciedad de NYC,el primitivismo de Bo Diddley y el lirismo espectacular respaldado por la gélida voz de Nico se dan la mano en tan radical artefacto.

    A pesar (si es que eso es malo) de mi nick soy más de los Beatles.

    Tienes un blog fantástico,camarada, que visito posiblemente más que tú aunque nunca haya dejado comentarios (hasta hoy).

    Un abrazo.

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  4. Uf. Es imposible despachar en cuatro líneas, o diez, o cien, lo que significa este disco. Estoy totalmente de acuerdo en tu referencia a los rockeros clásicos, porque de eso va la cosa: lo que están haciendo estos señores es actualizar el rock and roll tras haber pasado por el matiz de los grupos de garaje americanos en el primer quinquenio de los 60. La Velvet es la heredera por línea directa de los Berry y compañía, pero también en cierto modo de los Sonics (la distorsión), los Standells y otros muchos.

    Si añadimos a eso el toque canalla, barriobajero, de los suburbios de Nueva York, la tremenda formación musical y literaria de Reed y Cale y por eso mismo su dominio tanto del caos como de la melodía, el resultado es imbatible. Acepto, aunque con reparos, que se le llame avant garde a esto; tal vez por la envoltura estética que les dio Warhol y que en cierto modo desvirtúa un poco el resultado. Pero en esencia, la Velvet significó la resurrección del rock and roll de toda la vida. Y por supuesto no me extraña que los “rockeros machotes” no quieran saber nada de la Velvet: semejantes sutilezas no van con ellos.

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  5. Hombre, Mr. Lou R.I.P, el que viste y calza!

    Tú comentario lo pone complicado para añadir nada más, das en la diana en todas las palabras que empleas para definir el álbum. Puede que en conjunto sea mi preferido de la Velvet, aunque sus demás discos (“Squeeze” no, por supuesto) tampoco son, precisamente, moco de pavo.

    Se agradece tu apoyo en las sombras, copain (muy bueno eso de “que visito posiblemente más que tú” jejeje), aunque -ejem- los comentarios son el combustible que da vida a éste blog -guiño, guiño-.

    Abrazos.

    Rock-On!

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  6. Buenas tardes, Rick.

    Estamos ante uno de los elepés más influyentes, como apunta el compadre Lou, del tinglado este del rock and roll. La onda expansiva de su influencia sigue haciéndose notar hoy día, casi medio siglo después. Inoxidable.

    Coincido con parte de tu punto de vista: La Velvet se nutría en buena medida del rock and roll del decenio anterior (a ser posible negro, tan negro como Bo Diddley) y el garaje (es imposible no considerar la avalancha sónica de “Here Are The Sonics!” como todo un precedente); sin embargo, creo que gran parte de su idiosincrasia se debe, en buena medida, a ese envoltorio con cierto fondo intelectual, avant-garde, vía Warhol, que para mí, más que desvirtuar completó del todo su personalidad, sobre todo en estos primeros tiempos.

    Ser “rockero machote” es una cosa muy jodida: Renunciar a Buddy Holly, las Ronettes o la misma Velvet… ¡Allá ellos!

    Rock-On.

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  7. Qué gran entrada, Tyla. Ya sabes de mi pasión por la Velvet. Me alegra que cites a Bo Diddley: en la entrada que hice acerca del segundo disco del grupo de Reed, situaba a la Velvet entre Diddley y Luciano Berio, al ser vanguardia sin dejar de ser rock and roll (y viceversa). Es esa dualidad la que hace que su influencia se pueda percibir en Can, en Neu!, en Sonic Youth, en los Stooges, en los NY Dolls o en los Dictators. Un debut magistral y esencial como pocos.

    Un abrazo.

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  8. Hey, Gonzalo!

    Lo confieso, esperaba tu comentario. Ya que, como apuntas, sé muy bien de tu pasión por el combo de Nueva York, germen de tantas cosas por venir -todos los nombres que citas, por ejemplo-.

    En ésto, como en tantas otras cosas, coincidimos sin fisuras: La personalidad de la Velvet, la difference con el marasmo garajero, con el resto de la galaxia rock de hecho, radicaba en esa mixtura de pulsión eléctrica y trasfondo vanguardista-intelectual (referencias literarias, pop-art… En fin, ya se sabe) sin renunciar a un componente sórdido, que era de hecho su seña de identidad más reconocible: Esas historias de hippies soportando sus caóticas jams en vivo, pero huyendo despavoridos ante las descarnadas líricas de Cale y cía.

    Un placer leerle por aquí, como de costumbre.

    Rock-On!

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  9. De vuelta por estos lares y tras repasar los últimos capítulos rollingstonianos y deleitarme con esa gran reivindicación de Los Bravos, todavía disfruto más con todo lo que huelo al platanazo que se introdujo en la historia del rock. Abrazos.

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  10. Hombre, Johnny, pero qué de tiempo!

    Me alegra tenerle de vuelta por aquí, fantaseando y guitarreando, y que te hayas empapado de mis últimos escritos. Tus comentarios siempre son bienvenidos en esta casa.

    Sé, sé de su querencia por la banana más trascendente del rock and roll.

    Rock-On!

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  11. Mi primer disco , creo que con esto casi lo diría todo ; junto al Sticky Fingers ( que gran entrada te marcaste ! ) y el Ziggy Stardust forman quizá la trilogía de la que se amamantó mi afición/enfermedad por el rock´n´roll ; amigo , te felicito por la entrada , no sería capaz de comprimir en unas líneas todo lo que este disco significa para mí , es mi escuela y una obsesión inextinguible ; lo de VU fué algo irrepetible , iconoclasta , rompedor ,ya que se dieron las perfectas conexiones entre unos jovenes talentos que parieron algo único ; sí , el talento intelectual de Reed y Cale , pero permíteme que destaque hoy la irrepetible base rítmica que aportaron Moe Tucker y Sterling Morrison y con la que identificamos el sonido de VU ; únicos ; felicidades de nuevo.
    Rock On !

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  12. Hey, Jesús!

    Lo primero de todo, perdona mi tardanza en contestar, he estado unos días fuera, desconectado de todo.

    Vaya tríptico de impresión el tuyo para iniciarse en ésto del rock and roll: Nada más y nada menos que tres de los discos más relevantes de todos los tiempos, maestro!

    Irrepetible, iconoclasta, rompedor. Inmejorables adjetivos para describir la propuesta sónica contenida en el debú de la Velvet, uno de esos discos que conservan, intactos, todo su poder cautivador. Parece mentira que haya pasado casi medio siglo desde su edición!

    Me sumo a tu vindicación, particularmente al solidísimo Sterling Morrison.

    Rock-On!

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  13. lu dijo:

    Copio y pego lo que comentó Johnny en mi blog respecto a este disco, que creo que sintetiza tan bien lo que ha significado y significa, que no se me ocurriría añadir una palabra más: “La banana se introdujo directamente sin pelarla y sin lubricantes en todo el ojal de la historia del rock”. Aplausos.
    Besos, Tyla!

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  14. A ver.. por dónde empezamos?
    Ya se me han adelantado arriba en los comentarios en señalar algo que siempre me ha llamado la atención, y es que siendo una banda de puro rock´n´roll, donde los adjetivos “real y auténtico” no han sido nunca tan adecuados, sean prácticamente el anatema por definición para un buen puñado de rockers neardenthales y publicaciones afines (en formato impreso o blogueril, lo mismo dá). Y me da que es por inseguridad, incluso por inseguridad sexual.
    En el polo opuesto, los vamos a llamarlos así gafapastas. Apropiándose de una manera de ver a esta banda como única, verdadera y esencial, sublimando todo el peligro y rock´n ´roll de la Velvet entre frases y frases, y sentencias sesudas, snobs, arty y en suma tan vomitivas como los improperios que los anteriormente citados neardenthales dedica a Lou Reed y a todo lo que tiene que ver con Lou Reed.
    A ver gafapastis, la Velvet fue algo muy cool desde luego, pero tanto como pura y llanamente rock.
    Creo que se han dicho muchas cosas y muy interesantes entre el texto y los comentarios, y el compendio es absolutamente maravilloso, podría añadir cosas supongo, pero para qué. Quizás en el plano egocéntrico que me gusta absolutamente todo de este grupo, hasta “Loaded” (que me parece grandísimo) y Sterling Morrison siempre ha sido un tipo muy especial para mi, una de mis figuras favoritas del rock.
    Cheers!

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  15. “… Y me da que es por inseguridad, incluso por inseguridad sexual.”

    Jajajaja!

    Cierto es, maese Scott: Parece que la Velvet se encuentra en una incómoda tierra de nadie en la que sólo cabe el desprecio del rockero malote o el babeo del gafapastilla rockdeluxero… Por suerte, una irreductible aldea de megalómanos de bien resiste todavía y siempre a los invasores.

    A mi “Loaded” también me encanta, nunca dejará de impresionarme que haya gente que lo considere un disco bueno sin más… ¡Pero si es la repanocha!

    En fin, la Velvet… Cosa fina.

    Siento la tardanza en contestar, bro, ando liadísimo.

    Rock-On!

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