Crónicas, Dr. Feelgood, Wilko Johnson

WILKO JOHNSON – SALA CUSTOM (SEVILLA, 18-04-2015)

Sorprendente entrada, por lo generoso, la registrada por el incombustible Wilko Johnson en su visita a tierras sureñas. Sorprendente,claro, si nos atenemos al poder de convocatoria del que gozaba el guitarrista hace unos años. Hoy sin embargo las cosas pintan distintas y al hecho de que dispone de material flamante que presentar (ese “Going Back Home” a medias con Roger Daltrey que fue saludado como una de las revelaciones del curso pasado) hemos de sumar el aura de resucitado que lo envuelve desde que escapó abruptamente de lo que parecía ser a todas luces la crónica de una muerte anunciada.

En los minutos previos al comienzo del concierto, con los siseos del público allí congregado casi podía reconstruirse el fatídico historial médico, la casuística que a punto estuvo de llevarse por delante al carismático guitarrista hijo del rhythm and blues, hermano del pub-rock (término que detesta, por cierto) y padrino del punk. El morbo, ya saben.
Wilko tomó el escenario al asalto, dispuesto a ametrallarnos con el tableteo de su Telecaster, escupiendo ráfagas de rhythm and blues bronco y deconstruido, con esos riffs entrecortados marca de la casa esculpidos con pulgar de acero.

En formación de power trio, flanqueado por el sempiterno -e hiperactivo- Norman Watts-Roy al bajo y el cumplidor Dylan Howe tras los parches, se mantuvo fiel al repertorio que viene despachando en ésta gira: Un combinado en el que prima, con mucho y para mayor algarabía del respetable, el cancionero de aquellos Dr. Feelgood en los que forjó su leyenda, salpicado con algunas andanadas de su carrera en solitario.

Tras el pistoletazo de salida con “All Through The City” y a lo largo de lo que fue prácticamente una hora justa, Wilko fue dando forma a uno de esos shows en los que no hay sitio para el aburrimiento: Deslizándose por el escenario a lo Bo Diddley, contorsionándose en espasmódicos movimientos y mostrándose ora socarrón, ora juguetón mientras iban sucediéndose gemas del cancionero de los doctores, qué, no nos engañemos, era lo que venía demandando el personal.

Así, hubo sitio para piezas señeras de sus dos primeros discos, caso de la jubilosa “The More I Give” o “Going Back Home”; concesiones a “Sneakin’ Suspicion”, desplegando el tema homónimo y la obsesiva “Paradise” y, cómo no, momentos de celebración con clásicos- básicos del calibre de “Roxette” (cuyas primeras notas de bajo ya enloquecieron al personal), “Back In The Night” y una espídica “She Does It Right” con la que parecía que la sala iba a venirse abajo por momentos y tras la cual abandonaron el escenario ante el clamor
del respetable.

Dejar al público en semejante estado de excitación sin culminar era poco menos que alentar un motín, por lo que la banda volvió rauda a escena a rematar la faena con el “Bye Bye Johnny” de Chuck Berry, con Wilko echando mano de todos sus gimmicks escénicos y extrayendo fuego de las cuerdas de su guitarra, mientras Watts-Roy se ahoga en un mar de sudor y el personal danza poseído.

Tras dejarnos exhaustos, Wilko se descuelga la Telecaster, se aproxima al micrófono y nos da las gracias, procediendo a abandonar el escenario. A su paso, un mar de caras entre sonrientes y admiradas ante el oficio del inglés, último exponente de esa rara avis de artistas que, como Chuck Berry, Bo Diddley o Ike Turner, son un género en sí mismos.

 

Texto publicado originalmente en nosgustalamusica.com

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