Cine, Confilmamiento

El Hombre de Laramie (Anthony Mann, 1955)

Parece que hay consenso a la hora de señalar al triunvirato formado por John Ford, Howard Hawks y Anthony Mann como el de autores definitivos del cine de vaqueros. Uno, sin embargo tiene la percepción de que el trabajo de Mann está algo menos reconocido: Recuerdo haber visto pasar por TV ‘Rio Bravo’ o ‘Centauros del Desierto’ en infinidad de ocasiones y no tanto la pentalogía de sus westerns protagonizados por James Stewart.

Rodada en imponente Cinemascope, pocos directores han sabido capturar exteriores con la majestad de Mann. Sus paisajes son prácticamente la imagen mental, casi subconsciente, que se puede tener del western.

‘El Hombre de Laramie’ tiene un pulso ambivalente (Sucede algo similar con otra obra notable de Mann, ‘El Hombre del Oeste’): No es una película de trepidantes tiroteos, cabalgadas hacia el horizonte o duelos al sol. Es más bien eso que los guiris denominan un ‘slow burner’, una película de combustión lenta, casi de thriller, que se toma su tiempo para exponer los personajes que campan por ella y sus motivaciones. Eso contrasta con sus puntuales estallidos de violencia, sorprendentes para una película del año ’55 y que en cierto modo prefiguran lo que ofrecería el género a la vuelta de la década.

‘El Hombre de Laramie’ se articula -como los mejores westerns de la historia- en torno a la idea de la venganza y la ira recta de los hombres buenos. James Stewart, en su periplo a la caza del hombre que vendió los rifles a los apaches que acabaron con la vida de su hermano, acaba en los dominios de un hacendado con hechuras de rey shakesperiano. Una figura entre épica y pragmática que divide sus afectos entre su hijo y el capataz de su rancho (una puesta al día en clave western del mito bíblico de Caín y Abel)

Y es ahí donde reside la fuerza de la cinta: En la maraña de afectos, motivaciones, recuerdos y engaños que rodean a los secundarios que se encuentra el hombre de Laramie entre las polvorientas calles de Coronado, confín del oeste a un día de territorio apache.

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