1998, 90's, Discos, Garage, Música, Rock and Roll

The Fleshtones – "More Than Skin Deep"

Son grupos cómo The Fleshtones los que, en última instancia, dan sentido al término Rock and Roll. Nunca serán el grupo de moda ni el hype del momento, pero por eso mismo jamás tendrán que lamentar el momento en que vean su tren pasar, ya que jamás se subieron a él. Su concepción del género es clara, concisa e inmediata, que para algo son neoyorquinos. Pese a que se suele encuadrar su singladura en el llamado revival garagero de los 80’s, el combo de Peter Zaremba siempre se ha conducido más como una gran banda de R’n’R, alejados de la ortodoxia de unos, verbigracia, Fuzztones para absorber toda suerte de influencias y filtrarlas por su particular e idiosincrático filtro.

En el ADN de The Fleshtones hay toneladas de Garage, claro está; pero también encontramos a los Stones de Brian Jones, one hit wonders de los 60’s, ramalazos souleros, ráfagas de instro-rock, despiporre frat rock y salvajismo protopunk con especial parada en los Stooges. Incluso en los últimos tiempos la banda ha dejado ver en su sonido esquirlas de los primeros Led Zeppelin (a los que Keith Streng no duda en citar como temprana influencia) y hasta algún riff deudo de AC/DC. 

“More Than Skin Deep” no es, en efecto, el disco por el que serán recordados (ese honor lo detenta “Roman Gods”) aunque, a título personal, es el que escucho con más asiduidad de su producción. Algo tiene que ver el hecho de que es de los pocos redondos que la banda ha grabado sin enfocarlo explícitamente a sus caóticos -y deliciosos- directos, dando en esta ocasión prioridad a la melodía, los riffs, los estribillos. A las canciones, en una palabra.

“I’m Not A Sissy”, con su épico y poderoso Vox Jaguar y ciertas reminiscencias a The Dictators, abre el álbum de la mejor de las maneras. A partir de ahí, poderosas salvas garageras (“My Love Machine”, “Smash Crash”, “A Hand For The Band”… ) destellos sixties (“Gentleman’s Twist”) los consabidos y mentados puntos negroides en “Laugh It Off” -original de The Tams– y en “Anywhere You Go”, e instrumentales de reminiscencias cincuenteras hasta culminar en esa grand finale que es “Better Days”, himno de repiqueteantes guitarras y muchos quilates.

The Fleshtones, afortunadamente, siguen predicando la buena nueva de su hipervitaminado Rock and Roll en los clubes, garitos y salas de medio mundo. Su culto es subterráneo, pero aguerrido. Sus shows, una de las experiencias más físicas y hedonistas que se pueden ver a día de hoy, y su producción discográfica continúa manteniendo el tipo. ¿¡Quién puede no admirar a una banda así!?

Estándar
1998, 90's, Discos, Garage, Música, Pleasure Fuckers, Punk Rock, Rock and Roll

The Pleasure Fuckers – "Fuckdelux"

 Vale, The Pleasure Fuckers no eran, contraviniendo la opinión de ciertos nostálgicos de lo que se cocinaba en Malasaña, la mejor banda de Rock and Roll del mundo. Ni siquiera del país. Tampoco creo que esa fuese la intención de su cabecilla y líder indiscutible, Kike Turmix.

 El grupo era, en cierto modo, un eslabón más que completaba la faceta de Turmix de hombre renacentista del R’n’R inmediato: Un bonito colofón a su labor como pinchadiscos connaiseur (que a veces se permitía el lujo de hacer sesiones solo de Caras B), colaborador en diversos medios, destacado crápula de la noche madrileña (entre sus compañeros de juerga pretéritos se contaban Stiv Bators o los Ramones) capitoste de su propio sello discográfico y, cómo no, mítico promotor al que debemos la difusión del proto punk, el high energy de las antípodas y las manadas de grupos escandinavos por estas tierras.

Por si todo eso fuera poco, para colmo, The Pleasure Fuckers llegaron a ser una verdadera banda de culto con todas las de la ley: Sus trabajos eran distribuidos por una miríada de sellos undergrounds de reconocida solera (Crypt, Sympathy For The Record…) se patearon el ancho mundo repartiendo r’n’r attitude a raudales, hicieron giras con Nashville Pussy (haciendo fechas en fumaderos de crack) y Dead Moon, tocaron en universidades yankees marcándose la vacilada de hacer sets enteros de The Dictators… En fin,podríamos seguir citando vicisitudes, recodos y demás muestras de poder del grupo ad aeternum.

Puede que la fórmula de los Fuckers no fuese el paroxismo de la originalidad, pero era francamente efectiva: Estructuras, shuffles y licks del primitivo early R’n’R hipervitaminadas y haciendo parada en Detroit y Nueva York. El resultado era como una locomotora descarrilando de manera permanente, con Mike Sobieski y Norah Findlay cruzando sus guitarras y los aullidos desquiciados de el gordo rematando la faena.

Ni que decir tiene que “Fuckdelux” no es la obra por la que el grupo será recordado. Ahí tenemos “Supper Time” (con la icónica portada de Mauro Entrialgo) o el vindicado “Ripped To The Tits” para mostrar los vicios y virtudes del combo. Pero qué quereis que os diga, éste maxi ofrece algunas razones para ser reseñado. El homenaje/parodia/vacile del título hacia cierta publicación musical de tirada nacional, el elenco de versiones escogidas que va desde grupos coetáneos a influencias pasando por relecturas inimaginables y los ramalazos surf  del final conforman un bonito fetiche no de obligada pero si disfrutable escucha.

Abren a toda mecha guiñándole a los Suicide Kings (olvidadísimo grupo neoyorquino de los primeros 90’s) con “First Fight”,  un tema que no hubiese desentonado en una obra convencional del combo capitalino, suben revoluciones -más- en “Yeah!” relectura del tema de los aussies Space Juniors. Primer volantazo y cambio de registro para homenajear a Rod Stewart ¿Escogen un tema de los Faces? ¿De sus obras en solitario de los primeros 70’s? No y no. La elección recae en el megahit “Hot Legs” que transmutan en un hipervitaminado y salvaje R’n’R que arrasa con todo.

Toca ajustar cuentas con viejas influencias y ahí es donde entran en juego Rose Tattoo, de los que versionan, ni más ni menos, la atómica “Astra Wally” que precede a la cima absoluta del redondo, ese “Chica Alborotada” de los Locos del Ritmo , a mi juicio, una de las mejores relecturas que jamás haya oído de este número de rock chicano, un verdadero rompepistas. Dejemos en anecdótica la versión de “Nitro” (Dick Dale) con la que echan el cierre al disco.

Como ya dejaba caer, The Pleasure Fuckers no inventaban la pólvora, más bien empleaban toda la que tenían a mano a mayor gloria de este explosivo compendio de sudoroso y ardiente Rock and Roll.

Estándar
1998, 90's, Discos, Hard Rock, Música, Punk Rock

Backyard Babies – "Total 13"

He aquí una banda que me produce sentimientos encontrados. Los Suecos, pese a facturar éste pequeño clásico del Rock and Roll en el ocaso de los 90’s, me parecen una banda que, la mayor parte de su carrera posterior nadaron en la medianía, excepción hecha a un puñado de temas, y, sobre todo, a ese tratado de Rock límpido y á la Hellacopter que fue “People Like People Like Us”. Su final ni siquiera podemos decir que fuera malo, sino, puede que peor tadavía, insulso. Sin pegada. Pero no adelantemos acontecimientos. En el ’98, los chicos del patio de atrás, eran una banda dispuesta a arrasar en el underground europeo, con un Dregen recién huido de The Hellacopters para dedicarse a tiempo completo a la banda de su vida.

 En “Total 13” se aúnan las enseñanzas de Mike Ness y sus Social Distortion, los Dead Boys y los Ramones con los poderosos riffs de grupos cómo AC/DC, con especial parada en la movida Angelina 80’s, representada por tipos como Guns And Roses o Faster Pussycat, equilibrando la balanza, el glamour y savoir faire de una influencia diría que fundamental en los primeros compases de la banda: Hanoi Rocks.

 El disco guarda más semejanzas con un greatest hits que con un compacto al uso, funcionando como una equilibrada sucesión de riffs matadores, estribillos de puño en alto y letras chulescas. “Made Me a Madman”, clásico instantáneo de la banda, abre fuego, y, lo que viene después de ahí, por todos debería ser conocido: Cortes infecciosos del tipo de “U.F.O Romeo”, “Highlights” o “Get Dead”, el single perfecto de Punk n’ Roll refrescante y pegadizo como el chicle que es “Look At You”, el macarreo destroyer deudor de Motorhead (esa línea de bajo, amigos) en “Let’s Go To Hell”, la muralla sónica de “Spotlight The Sun”, el Hard a medio gas, que no potencia de “Eightballed”. Las avasalladoras guitarras de “Ghetto You” dan paso a otro de los, a mi juicio, grandes himnos del redondo, “Subculture Hero”. Echando el cierre, la tripleta final, la rockandroller “Bombed”, la hipervitaminada “Hey, I’,m Sorry” y “Robber Of Life” un corte tan influenciado por los Social Distortion más pasados de rosca como por los Hellacas del “Payin’ The Dues”.

 No, los Backyard Babies no inventaban la pólvora con “Total 13”, pero ofrecían justamente lo que anunciaban: Trece cortes matadores que apenas daban respiro al oyente. Puede que la escuela que crearon (ya saben, bandas de tipos hipertatuados poniéndose las Gibsons a la altura de las rodillas) no pasara de anécdota y es un hecho que sus trabajos posteriores, víctimas de una tamización y refinado de su fórmula, no estaban a la altura de lo aquí expuesto, pero lo que si podemos afirmar es que con ésta obra Nicke Borg y los suyos alcanzaron su cénit, que, tristemente, se vió seguido de una tendencia claramente descendente.

Estándar
1998, 90's, Discos, Hard Rock, Música, Punk Rock, Turbonegro

Turbonegro – "Apocalypse Dudes"

Hay discos a los que uno lleva queriendo meterle mano desde que se puso frente a un ordenador para dar buena cuenta de sus filias musicales, pero entre una cosa y otra, pasa el tiempo y no se les otorga el espacio que merecen. Incluso discos y grupos que he descubierto más adelante se han colado de mala manera para pillar sitio en la blogosfera. Quién sabe, quizás es el respeto que nos infundan esos redondos el que hace que no los encaremos a tiempo.

 Turbonegro han sido, lo digo ahora y aquí, un grupo fundamental en mi background. Les debo un sinfín de buenos ratos y los asocio a otros tantos momentos dulces de mi adolescencia, cuándo todo el tinglado del Rock And Roll se comenzaba a ir abriendo ante mí. No dudo que, desde el punto de vista de un extraño, debe resultar inquietante que alguien considere entrañables a unos tipos enfundados en denim, sórdidas temáticas homoeróticas y decadentismo, pero bueno, no hay ley, afortunadamente, que regle la cordura de nuestros afectos.

 Los noruegos fueron parte activa de la llamada escena escandinava, aquella explosión que asoló el  underground en la Europa del ocaso de los 90’s y que, junto al buen hacer al otro lado del océano de bandas como Supersuckers o Nashville Pussy, consiguieron mantener viva la llama del Rock’n’Roll más genuino y guitarrero. Al igual que sus compañeros de escena, nuestros protagonistas venían del Punk/Hardcore pero con el tiempo fueron refinando su sonido y sus formas hasta que, tal y como les pasó a Gluecifer o The Hellacopters, acabaron alcanzando la atemporalidad, para desesperación del sector más straight de sus acólitos. Y es que,  para alguien con cierto magisterio en cuestiones de R’n’R subterráneo, “Apocalypse Dudes” es un álbum totalmente inesperado. Me explicaré: La banda venía de editar un pequeño clásico, “Ass Cobra”, una obra heredera en gran medida de Black Flag y que suponía algo así como el colofón a un primer periplo jalonado de cambios de formación constantes y reconocimiento mínimo. Así las cosas, lo lógico era pensar que la banda no se movería demasiado de esas coordenadas y que, con el tiempo, se irían sin hacer mucho ruido. Afortunadamente, nada de eso tuvo lugar.

 Pese a mediar dos años entre el disco que nos ocupa y su antecesor, la banda había avanzado un mundo compositivamente hablando. Seguían manteniendo el poso punk pero abrieron de par en par las puertas al Hard Rock. Sí, la influencia de gente como Poison Idea o los Misfits seguía latente, pero más palpable aún era el rastro de grupos como AC/DC, Alice Cooper o The Dictators. Gran parte de las culpas de este golpe de timón tenemos que echárselas al por aquel entonces flamante guitar hero de la banda, Euroboy, que en este disco es poco menos que una máquina de facturar un riff glorioso tras otro. Asimismo, la presencia de teclados cortesía de Pal Pot Pamparius reforzaba la nueva apuesta sónica de la que hacía gala la banda.

  Permítanme que me ahorre hacer un comentario exhaustivo, canción a canción, del disco: Estamos ante una colección de himnos perfectamente nivelada, a caballo entre el Punk Rock 70’s, el Hard Rock y el Glam.
Creo firmemente que éste es uno de esos discos, al igual que el “Highway To Hell” o los primeros LP’s de Motorhead, en el que cada canción cumple de sobras su cometido. ¿Exagerado? Para mí no, desde luego. Mis highlights particulares son, cómo no, la inicial “The Age Of Pamparius” (Nunca una letra sobre pizzas dió para tanto),“Get It On”, pese al descarado parecido que guarda con el “I Just Wanna Something To Do” de los Ramones (o precisamente por eso, quién sabe), la fantasía homoerótica y western en la letra de “Prince of the Rodeo”, el tono contenido, nocturno y peligroso de “Are You Ready (For Some Darkness)?”, las exhibiciones guitarreras en “Humilliation Street” y la gran final con “Good Head”.

 Hay gente que no duda en señalar a “Apocalypse Dudes” como el mejor artefacto de Punk Rock de los 90’s, y eso, en una década que vivió los últimos lanzamientos de los Ramones, es mucho decir. Otros, como Henry Rollins, van incluso más allá y le conceden a la banda de Happy Tom el honor de haber editado la cima europea del género. Yo, por mi parte, prefiero dejar a un lado esas conjeturas y sumergirme en el hedonismo decadente y lascivo con el que estos noruegos terminaron de forjar el comienzo de su culto.

Estándar
1998, 90's, Discos, Garage, Música, Rock, Soul

The Detroit Cobras – "Mink Rat Or Rabbit"

En el Rock And Roll, género basado en músicas de raíces y con honda tradición como lo son el Blues o el Country,siempre bajo mi modesto prisma, la originalidad no es prioridad y mucho menos debe servirnos como factor para enjuiciar a una banda por encima de otra. ¿Y a qué viene todo esto?

 Pues viene a que The Detroit Cobras basan la mayor parte de su repertorio en covers, relecturas de viejos singles de Fortune Records, caras B’s de reinonas del Soul, números de rock chicano y demás delicias para paladares inquietos diseminadas en forma de acetatos y 7″ por la autopista del tiempo, con destino al olvido más absoluto si no fuese por su labor de rescate. Y para mí, a diferencia de lo que otros pudieran pensar, eso no menoscaba su talento en absoluto: Es vox populi que Elvis Presley, el Rey, jamás firmó un solo tema de los que interpretó; The Fuzztones, paladines del revival garagero de los 80’s, basaban -y basan- gran parte de su repertorio en canciones sustraídas de la generación Nuggets y los combos Proto-Punk de los 60’s. Incluso The Cramps tomaron al asalto un sinfín de rarezas de los 50’s y primeros 60’s, retorciéndolas y fusionándolas hasta soldarlas a su cancionero.

 La diferencia entre estos nombres y un decadente karaoke, o peor todavía, una banda de tributo, la establece la posesión de talento y una personalidad propia que les permita crear un filtro por donde pasar todas aquellas influencias de las que se nutren. Y mientras los antes citados regurgitaban el material que tomaban  prestado a través de un envoltorio hiperviril, vudú y de ultratumba aderezada de kitsch, respectivamente, The Detroit Cobras lo hacen insuflándole una dosis de crudeza made in Detroit a su cancionero de marcado regusto vintage, sin renunciar por ello a su poso Soul, melódico y elegante, cortesía de la voz de Rachel Nagy, consiguiendo una marcada sensación de atemporalidad.

 Si bien, “Mink Rat Or Rabbit” es el primer largo de los Cobras, la banda ya llevaba dando guerra desde el ’95, publicando singles de una repercusión prácticamente subterránea y dando lustre a nombres como Nathaniel Mayer o Tony Valla & The Alamos. El sonido que exhibían en su primer LP, al igual que el de aquellos 7″, era decididamente deslavazado, áspero, crudo, pero rebosante de encanto, y, a su manera, dulzura. El largo abre con el que más adelante sería el tema más conocido de la banda, “Cha Cha Twist”, una recreación muy sui generis de “The Twist” de Hank Ballard, al que le inyectan savia garage-punk, ritmo y chulería. “I’ll Keep Holding On”, “Putty” y “Easier To Cry” mantienen la nave a base de agitar Soul y Watios con clase, mucha clase. Le dan la vuelta a “Bad Man” de los Oblivians, despojándola del Garage Blues saturado del original y transmutándola en una de las cimas del disco, “Bad Girl”; rescatan “Summer” de The Five Royales, un corte al que ya llevaban tiempo dándole vueltas. La atomosférica “Midnight Blues” nos da tregua para “You Knows What To Do”. “Can’t Do Without You” es la típica canción que los Detroit Cobras rescatan sin problemas: Soulera, contenida, vacilona y con espacio para el lucimiento guitarrero. Una sugerente línea de bajo da paso a “Hittin’ On Nothing”, original de Irma Thomas, que si no me fallan las cuentas pasa por ser la artista más tributada en el imaginario de The Detroit Cobras. “Out Of This World” es quizá mi favorita del redondo, la más rockandrollera y sugerente, breve como un disparo y completamente adictiva. La instrumental de corte latin rocker “Chumbawa” precede a la grand finale con una hipervitaminada relectura de “Breakaway” (otra vez Irma Thomas) cercana a los cánones del Punk Rock.

 Si hay una frase cierta, es esa que reza que lo clásico jamás pasa de moda. The Detroit Cobras pudieron comprobar la verdad que encierra dicha afirmación en el ocaso de los 90’s, cuando, echando la vista atrás y sumergiéndose en las catacumbas de su background, consiguieron ser uno de los puntales de un Detroit que por aquellas fechas comenzaba a despertar de su letargo para retomar su hegemonía underground, llegando a marcar tendencia y sembrando el germen de bandas como The Fondas o The Come Ons, pero nosotros no olvidamos quienes fueron los primeros. Let’s Do The Twist!

Estándar