90's, Discos, Especial Rolling Stones, Música, Rolling Stones

The Rolling Stones – "Bridges To Babylon"

   Revitalizados por la vuelta a las andadas que había supuesto la edición de “Voodoo Lounge” y deseosos de capturar la esencia de los sonidos del momento, voluntad que se pone de manifiesto en la decisión de delegar parte de las tareas de producción en The Dust Brothers (dupla detrás del sonido de propuestas tan equidistantes a los stones como The Beastie Boys, Beck o ¡Hanson!) “Bridges To Babylon” muestra a un grupo tan fresco y osado por un lado, cómo falto de ideas y, en ocasiones, personalidad por el otro.

  El album abre con un correcto rock and roll sin más pretensiones que las de aportar un pistoletazo de salida coherente al redondo, “Flip The Switch”, que da paso al primer single potencial del trabajo, “Anybody Seen My Baby?”. Una insinuante línea de bajo envuelve un corte que parece ser deudo de aquellas exhibiciones a medio camino entre la música disco y el rock que tanto, tantísimo, habían menudeado en su producción 70’s. “Low Down”, número guitarrero sin ninguna cualidad digna de mención, precede a “Already Over Me”, qué hace buena esa afirmación, a veces manida, de que el que tuvo retuvo.

 “Gunface” muestra a unos stones absolutamente perdidos, haciendo aguas en un juego que no es el suyo, facturando una suerte de rock moderno y monótono, carente de atractivo alguno.

 La cosa, por fortuna, mejora un tanto en “You Don’t Have To Mean It”, corte al que Keith pone voz, sonando como si Buddy Holly, en lugar de en las dependencias de Brunswick Records, hubiese optado por grabar en algún oscuro soundsystem de Kingston. Una mezcolanza a priori bizarra que termina por saldarse con un resultado más que positivo.

 “Out Of Control” inauguraba la segunda mitad del trabajo, mostrando la primera exhibición de poder, genuina, contenida en “Bridges To Babylon”. Tras un comienzo lento, un crescendo que termina por explotar en un poderoso rock and roll lleno de rabia contenida y desencanto, ribeteado por el fabuloso solo de harmónica que se marca Jagger.

 La racha parece continuar en “Saint Of Me”, single indiscutible del disco así como culminación de las intenciones que parecía tener la banda a finales de los 90’s, a saber: Sonar frescos y genuinos; comerciales y poderosos; modernos y guitarreros, todo a un tiempo. Unos exquisitos punteos acompañados por el sucinto órgano de Billy Preston van dando cuerpo a un tema que se revela como un intimidante rock and roll preñado de referencias bíblicas, jalonado por una atmosférica y delicada parte intermedia que termina por explotar, de nuevo, en despliegue guitarrero.

 “Might As Well Get Juiced”, con la voz de Jagger enterrada bajo una montaña de sintetizadores y efectos, pone, de nuevo, todas las alarmas en funcionamiento. Es encomiable, supongo, la voluntad por parte del cantante de no estancarse en una propuesta sónica de las que ya se ha nutrido, pero hacer sonar a The Rolling Stones como un -mal- grupo de electrónica me parece excesivo.

  El mal sabor de boca dejado por semejante experimento se ve parcialmente atenuado tras la escucha de “Always Suffering”, correcto número de mimbres campestres, y sobre todo por el estallido eléctrico de “Too Tight”, uno de los cortes mejor medidos del trabajo así como una orgullosa vindicación, entre otras cosas, de su condición de perros viejos (“Yeah, don’t try to reel me in/With all those charms school looks/I’ve seen it all a thousand of times/I sung that song, i wrote that fucking book”)

  El tramo final de “Bridges To Babylon” pasa por ser el segundo momento Richards del album. Primero con “Thief In The Night”, atmosférico rythm and blues. Un tema reposado, a tumba abierta, rico en secciones de viento que se encadena, sin solución de continuidad con “How Can I Stop”, con Keef de nuevo a las voces y un sentimiento sweet soul music a la antigua usanza, con el guitarrista desgranando un tema que no habría desentonado en el repertorio de los Miracles, con el saxo de Wayne Shorter y la batería de Charlie Watts enzarzándose en un duelo que amén de clausurar el tema, hace lo propio con el redondo.

 Sentimientos encontrados los que produce este trabajo. Por un lado, un grupo que parece seguir beneficiándose del savoir faire exhibido en su anterior lanzamiento, dando en la diana con temas capaces de llegar tanto al corazón del fan como de las radiofórmulas y píldoras de buen gusto; por otro, una cierta falta de dirección qué se pone de manifiesto en algunos de los momentos menos lucidos del cedé, mostrándonos a una banda bien a la deriva en su intento por flirtear con ciertos sonidos, bien facturando cortes absolutamente desalmados con el piloto automático activado. Con todo, los primeros son mayoría con respecto a los segundos y podemos seguir hablando de un grupo que, discográficamente hablando, se niega a vivir de rentas.

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90's, Discos, Especial Rolling Stones, Música, Rolling Stones

The Rolling Stones – "Voodoo Lounge"

 Editado en pleno auge del rock alternativo, en un panorama si no diametralmente opuesto, bastante diferente al que regía en los últimos 80’s, “Voodoo Lounge” se destapa como lo que será el libro de estilo a seguir por la banda en sus próximos lanzamientos, a saber: Trabajos muy espaciados en el tiempo, sobrecargados de repertorio que compense sus largos impasses y editados más cómo testimonio de permanencia y/o apoyo de sus giras que cómo expresión creativa per se; lo que no es óbice para afirmar que se trata de una obra notable, bastante superior, de hecho, a lo que venían despachando en entregas anteriores. Pero vayamos por partes.

 El redondo abría con una tripleta ganadora, la mejor alineada, quizá, desde los días de “Tattoo You”: Con la sinuosidad de “Love Is Strong”, la chulería contenida de “You Got Me Rocking” y el chute poppie de “Sparks Will Fly” poniendo las cartas sobre la mesa y confirmando un mejor estado creativo que el que se adivinaba en “Steel Wheels”. No, no parece que la inadvertida marcha de un Bill Wyman cuyo grado de compromiso con el grupo había pasado a ser estrictamente nominal haya hecho mella alguna en el entorno de la banda.

 “The Worst”, deliciosa y arrastrada pieza acústica con Richards haciéndose cargo de la voz, da paso a “New Faces”, cuyo uso del clavecín, así como su temática de amor herido remite y mucho a aquellas baladas barrocas con las que intentaban aferrarse a los hit parade en los tiempos lejanos, lejanísimos, de Brian Jones.

 “Moon Is Up” supone un cambio radical de tercio, una delicada gema de pop onírico y regusto melancólico envuelta en una producción con toques futuristas y la colaboración del heartbreaker Benmont Tench, cuya aportación termina de remachar uno de los momentos más especiales del trabajo. Cerrando la segunda cara estaba la balada a piano “Out Of Tears”, más que cumplidora en su calidad de single potencial.

  Un poderosísimo riff propulsa “I Go Wild”, disparo rockandrollero con hechuras de himno que preludia a “Brand New Car”, número de pocas pretensiones y basamento bluesy, con una letra con regusto a aceite de motor que podría haber figurado en el cancionero del primer Chuck Berry.

 Los sonidos de filiación tex-mex, con los que ya habían jugueteado en alguna que otra ocasión, toman cuerpo en “Sweethearts Together”, corte en el que no falta ninguno de los ingredientes característicos del género: El bajo sexto de Max Baca, la lap steel de Ron Wood y el acordeón del máximo exponente del género, Flaco Jiménez, dan la ambientación fronteriza necesaria a esta delicada balada.

 “Suck On The Jugular”, con ese bajo zumbón al comienzo y su aire discotequero y trasnochado da la impresión de ser un descarte del reciente “Wandering Spirit” de Jagger. Uno de los momentos más olvidables del redondo.

  Arribando al tramo final del album nos encontramos con una de las piezas mejor pulidas del mismo, “Blinded By Rainbows”. Heredera de la cualidad evocadora de tantos temas pretéritos, nos muestra a un Jagger en plenas facultades de transmisión, declamando sobre unos exquisitos arpegios que preceden al estallido del estribillo. Uno de los highlights objetivos del disco, ni más ni menos. “Baby Break It Down” es inevitable que sepa a poco tras el exquisito corte que lo precede, pero no pierde las formas, mostrando una maquinaria engrasada y reluciente, con nuevos bríos, en su faceta más afecta al riff.

  Llega el turno de la que fue una de las grandes joyas ocultas de “Voodoo Lounge”, que no es otra que la atmosférica “Thru And Thru”. Tema orgánico, a corazón abierto, con unos punteos minimalistas de Keith dominando la acción con el acompañamiento ocasional de las acústicas de su técnico Pierre de Beauport y alguna que otra explosión eléctrica, nos muestra a un Richards suplicante y aullador, dándolo todo. Y hablo en pasado de su condición de diamante olvidado ya que su inclusión en la banda sonora de The Sopranos pareció otorgarle un nuevo lustre y reconocimiento al mismo, hasta llegar al punto de ser rescatado para la gira Forty Licks.

 “Mean Disposition” echa el cierre a ritmo de rock and roll, con el grupo operando en su formato más básico y deslizando lo que podría interpretarse como una declaración de intenciones a aplicarse (“Yes, i’m going to have to stand my ground/Like Crockett at the Alamo”)

 Las quince canciones de “Voodoo Lounge” componían el tracklist más largo que habían firmado The Rolling Stones desde los días de “Exile On Main St.”. Sin necesidad de entrar en comparaciones estériles o de debatir si tan abultado repertorio respondía a una genuina hemorragia creativa o a la necesidad de entregar un producto de mayor volumen; no cabe duda de que era lo mejor, por homogéneo y bien pulido, que habían entregado en mucho tiempo. No, desde luego no era oro todo lo que relucía -Pese a la consabida firma Jagger/Richards la inmensa mayoría de los temas contenidos están firmados en solitario por uno u otro-, pero cabría preguntarse en qué oscuros negociados andaban metidos otros compañeros de generación de la década que los vió nacer -e incluso de alguna posterior- mientras ellos entregaban un álbum tan fresco, variado, notable y vivificante como el que nos ocupa. Ahí lo dejo.

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1998, 90's, Discos, Garage, Música, Rock and Roll

The Fleshtones – "More Than Skin Deep"

Son grupos cómo The Fleshtones los que, en última instancia, dan sentido al término Rock and Roll. Nunca serán el grupo de moda ni el hype del momento, pero por eso mismo jamás tendrán que lamentar el momento en que vean su tren pasar, ya que jamás se subieron a él. Su concepción del género es clara, concisa e inmediata, que para algo son neoyorquinos. Pese a que se suele encuadrar su singladura en el llamado revival garagero de los 80’s, el combo de Peter Zaremba siempre se ha conducido más como una gran banda de R’n’R, alejados de la ortodoxia de unos, verbigracia, Fuzztones para absorber toda suerte de influencias y filtrarlas por su particular e idiosincrático filtro.

En el ADN de The Fleshtones hay toneladas de Garage, claro está; pero también encontramos a los Stones de Brian Jones, one hit wonders de los 60’s, ramalazos souleros, ráfagas de instro-rock, despiporre frat rock y salvajismo protopunk con especial parada en los Stooges. Incluso en los últimos tiempos la banda ha dejado ver en su sonido esquirlas de los primeros Led Zeppelin (a los que Keith Streng no duda en citar como temprana influencia) y hasta algún riff deudo de AC/DC. 

“More Than Skin Deep” no es, en efecto, el disco por el que serán recordados (ese honor lo detenta “Roman Gods”) aunque, a título personal, es el que escucho con más asiduidad de su producción. Algo tiene que ver el hecho de que es de los pocos redondos que la banda ha grabado sin enfocarlo explícitamente a sus caóticos -y deliciosos- directos, dando en esta ocasión prioridad a la melodía, los riffs, los estribillos. A las canciones, en una palabra.

“I’m Not A Sissy”, con su épico y poderoso Vox Jaguar y ciertas reminiscencias a The Dictators, abre el álbum de la mejor de las maneras. A partir de ahí, poderosas salvas garageras (“My Love Machine”, “Smash Crash”, “A Hand For The Band”… ) destellos sixties (“Gentleman’s Twist”) los consabidos y mentados puntos negroides en “Laugh It Off” -original de The Tams– y en “Anywhere You Go”, e instrumentales de reminiscencias cincuenteras hasta culminar en esa grand finale que es “Better Days”, himno de repiqueteantes guitarras y muchos quilates.

The Fleshtones, afortunadamente, siguen predicando la buena nueva de su hipervitaminado Rock and Roll en los clubes, garitos y salas de medio mundo. Su culto es subterráneo, pero aguerrido. Sus shows, una de las experiencias más físicas y hedonistas que se pueden ver a día de hoy, y su producción discográfica continúa manteniendo el tipo. ¿¡Quién puede no admirar a una banda así!?

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1990, 90's, Discos, Hard Rock, Música, Power Pop, Redd Kross

Redd Kross – "Third Eye"

  
Power Pop. Etiqueta polémica, a su manera: Teniendo en cuenta que alude al Rock n’ Roll de acentuado apartado melódico, podríamos aplicárselas a combos tan diferentes cómo los mágicos Big Star, los bombásticos Badfinger, The Rubinoos, con su nervio teenager; los hard rockerísimos Cheap Trick; la tríada The Nerves/Plimsouls/The Beat, que marcaron los pasos del género en los primeros 80’s; Dwight Twilley, el trovador new wave del género… Incluso, si nos pilla con la disposición anímica adecuada, podemos hacer extensible la demarcación estilística a la etapa londinense de los Flamin’ Groovies, los primeros Ramones y la facción del punk británico conformada por grupos como The Jam o los Buzzcocks. Es más, si nos pilla con el día completista, podemos preguntarnos, ¿Fueron The Beatles, sin saberlo, la primera banda de power pop?

Lo que sí podemos dar por sentado es que, en los primeros 90’s, a los hermanos McDonald, líderes de Redd Kross, no podían dárseles en menos tales cuestiones. Y es que, pese a capitanear uno de los considerados buque insignia del género en las últimas décadas, el radio de acción musical de la dupla se escapaba en no pocas ocasiones de la etiqueta que se les había impuesto.

Tras unos titubeantes comienzos flirteando con la escena punk/hardcore de los suburbios de L.A, los excéntricos hermanos terminaron por rendir su talento a las bondades de la melodía y la cultura pop, a ser posible de eras pasadas, pero sin sacrificar su compromiso con lo actual. La epifanía que se adivinaba en “Neurotica” (producido por Tommy Ramone, ahí es nada) terminaba de confirmarse en éste “Third Eye”, redondo de generosos mimbres y para algunos, entre los que me incluyo, cima discográfica de la banda.

“Third Eye” amalgama las distintas aristas que conformaban el background de Jeff y Steve McDonald: Aquí hay punk de la vieja escuela, abundantes dosis de hard rock (las solistas de Robert Hecker no conducen a dudas a ese respecto) y, sobre todo, un palpable corazón bubblegum, música que había conseguido obsesionar a los hermanos en las fechas de gestación del álbum.

Y es precisamente a ritmo de bubblegum cómo empieza el disco: Ahí tenemos la colosal “The Faith Healer”, fusilada -con mucho estilo- a los 1910th Fruitgum Co. y su hit “Goody Goody Gumdrops”, pasada por el turmix del alt rock de la época. Y es que esa fue siempre una de las mayores virtudes de Redd Kross, encajar siempre en las tendencias del momento, precisamente por encontrarse fuera de ellas.

“Annie’s Gone”, de esquemática letra, muestra la cara más punk de la banda, que no ceja en su gusto por la melodía ni en tales tesituras; “I Don’t Know How To Be Your Friend”, con su delicada primera parte acústica y la posterior explosión eléctrica, muestra cuánto han crecido desde los descocados días de “Born Innocent” y las diferentes texturas en las que saben moverse.

“Shonen Knife”, con una intro que no habría desentonado en un redondo de heavy metal de la década anterior, es un guiño al célebre power trio japonés: “Come right in now, enjoy a Choco Bar/With the Shonen Knife/Yes, the rock and roll stars”. Las chicas de Shonen Knife, cumplidoras hasta lo indecible, le respondieron al año siguiente escribiendo “Redd Kross” que decía: “Redd Kross, crazy people in L.A/Redd Kross, genius people in L.A”. Cómo pueden ver, un bonito affaire entre bandas de culto.

La exquisita “Bubblegum Factory”, todo azúcar, cierra el círculo estilístico del disco, homenajeando la génesis de la música que lo inspiró. Denostada por el crítico sesudo, pero irresistible para cualquiera con un corazón pop por el que corra algo de sangre, la obra de los mentados 1910th Fruitgum Co. o The Archies se perfila tan necesaria en la gestación de “Third Eye” como la que más. Tras la exhibición de puro pop, contrasta “Where Am I Today?” con su tono introspectivo e incluso lánguido, articulado en una canción perfectamente construida.

“Zira [Call Out My Name]” rezuma energía, positivismo y frescura: Ése estribillo a tres voces, el manejo prodigioso de los coros y una sobresaliente labor guitarrera apuntalan uno de los platos fuertes del disco. “Love Is Not Love”, atmosférica gema de basamento poppie da paso a otro pildorazo incontestable, “1976”, o lo que es lo mismo, Redd Kross sonando más a KISS que los propios KISS de la época, rematando la jugada los coros del batería Victor Indrizzo, destacado émulo de Paul Stanley, a tenor de lo escuchado.

Ya en la recta final nos encontramos con la fabulosa “Debbie & Kim”, un corte tan épico como inmediato, de estribillo demoledor y que prácticamente condensa todas las virtudes del redondo. “Elephant Flares” echa el cierre, ubicando sus coordenadas entre el arena rock setentero y los Beatles de “Sgt. Peppers”.

En los poco más de cuarenta minutos de “Third Eye”, Redd Kross condensaban más sabiduría musical e iban más lejos de lo que otras tantas bandas ni tan siquiera alcanzan en décadas. En sus surcos podemos encontrar inmediatez, virtuosismo, preciosismo, crudeza, gusto por lo clásico y sentimiento de contemporaneidad. Conceptos contradictorios, sin duda, pero que en este caso no conducen al oxymoron.

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1990, 90's, Discos, Hard Rock, Manitoba's Wild Kingdom, Música, Punk Rock

Manitoba’s Wild Kingdom – "…And You?"

¿Qué se traían entre manos The Dictators en 1990? En teoría, si nos atenemos estrictamente a la actividad realizada bajo el nombre de la nunca del todo ponderada banda neoyorquina, el grupo se encontraba en pleno standby; Ahora bien, en la práctica, el carismático “Handsome” Dick Manitoba se encontraba al frente de un proyecto en el que le acompañaban Ross The Boss, Scott Kempner, JP Patterson  y Andy Shernoff quién, como de costumbre, se encargaba de las tareas compositivas en su totalidad. Dicho en corto, The Dictators en pleno estaban operando bajo otro nombre (Sólo Dios sabe con qué fines).

¿Cuáles son -de haberlas- las diferencias sónicas con la banda madre? Así a botepronto pocas se me ocurren. El histrionismo de Manitoba, el gusto por los coros y las melodías trabajadas se mantienen intactos. Afinando en exceso podríamos señalar cómo diferencial el trabajo guitarrero, en el que parecen darle correa a un Ross The Boss en plena resaca heavy (Cabe recordar que llevaba buena parte del decenio calzando taparrabos a las órdenes de Manowar) lo que sin duda les acercaba al -ya en trayectoria descendente- boom hard rockero de los últimos 80’s, en el cual estos Dictators 2.0 daban la impresión de querer encajar. Manteniendo sus señas de identidad, eso sí.

El disco abre encadenando tres salvas de largo alcance,de tanto, que algunas figuraban en los set lists de las últimas giras de los ‘Tators. Me estoy refiriendo, cómo no, al explícito disparo inicial, “The Party Starts Now!”, la poderosísima “Haircut And Attitude” y ese genuino grito de guerra con el que suelen abrir sus shows, “New York, New York”. Poderosos cortes, hímnicos, que basculan entre el Hard y el Punk. “D.W.I” habría encajado sin problemas en los surcos de un “Go Girl Crazy!”: Corazón punk, melodía  pegajosa como el chicle y minutaje breve, para que pedir más.

“I Want You Tonight!” retoma el gusto por el riff definitivo y el himno macarra de corearse puño en alto. En “Fired Up”, “The Perfect High” y “Had It Coming” muestran su cara más Hard & Heavy, con el bueno de Ross explayándole a las seis cuerdas, a veces en demasía, como en el caso de “Prototype” (Corte que, en cierto modo preludia a ese “I Am Right” de su laureado disco de “reunión”, “D.F.F.D”) Finalmente, cómo colofón, tenemos la trallera “Speedball”, el momento más “metálico” que Andy Shernoff haya firmado jamás.

Lo cierto es que, dando por sentada su calidad (a fin de cuentas sus artífices son The Dictators, unos tipos incapaces de grabar un mal disco) “… And You?” es un trabajo algo desconcertante. Lo es, además de por las razones citadas más arriba, por lo en “tierra de nadie” que los dejaba: Para sus seguidores de toda la vida, se trataba de un desplante inexplicable; para el target que pretendían conquistar, aquellos maduros proto-punks no tenían mucho que ofrecerles; Para nosotros,un disco a reivindicar y una -otra- prueba más de la grandeza que atesora el combo neoyorquino, qué incluso cuándo apostaban por el perfil medio y el sutil cambio estilístico tiraban a dar. Larga vida a The Dic… Manitoba’s Wild Kingdom!

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1998, 90's, Discos, Garage, Música, Pleasure Fuckers, Punk Rock, Rock and Roll

The Pleasure Fuckers – "Fuckdelux"

 Vale, The Pleasure Fuckers no eran, contraviniendo la opinión de ciertos nostálgicos de lo que se cocinaba en Malasaña, la mejor banda de Rock and Roll del mundo. Ni siquiera del país. Tampoco creo que esa fuese la intención de su cabecilla y líder indiscutible, Kike Turmix.

 El grupo era, en cierto modo, un eslabón más que completaba la faceta de Turmix de hombre renacentista del R’n’R inmediato: Un bonito colofón a su labor como pinchadiscos connaiseur (que a veces se permitía el lujo de hacer sesiones solo de Caras B), colaborador en diversos medios, destacado crápula de la noche madrileña (entre sus compañeros de juerga pretéritos se contaban Stiv Bators o los Ramones) capitoste de su propio sello discográfico y, cómo no, mítico promotor al que debemos la difusión del proto punk, el high energy de las antípodas y las manadas de grupos escandinavos por estas tierras.

Por si todo eso fuera poco, para colmo, The Pleasure Fuckers llegaron a ser una verdadera banda de culto con todas las de la ley: Sus trabajos eran distribuidos por una miríada de sellos undergrounds de reconocida solera (Crypt, Sympathy For The Record…) se patearon el ancho mundo repartiendo r’n’r attitude a raudales, hicieron giras con Nashville Pussy (haciendo fechas en fumaderos de crack) y Dead Moon, tocaron en universidades yankees marcándose la vacilada de hacer sets enteros de The Dictators… En fin,podríamos seguir citando vicisitudes, recodos y demás muestras de poder del grupo ad aeternum.

Puede que la fórmula de los Fuckers no fuese el paroxismo de la originalidad, pero era francamente efectiva: Estructuras, shuffles y licks del primitivo early R’n’R hipervitaminadas y haciendo parada en Detroit y Nueva York. El resultado era como una locomotora descarrilando de manera permanente, con Mike Sobieski y Norah Findlay cruzando sus guitarras y los aullidos desquiciados de el gordo rematando la faena.

Ni que decir tiene que “Fuckdelux” no es la obra por la que el grupo será recordado. Ahí tenemos “Supper Time” (con la icónica portada de Mauro Entrialgo) o el vindicado “Ripped To The Tits” para mostrar los vicios y virtudes del combo. Pero qué quereis que os diga, éste maxi ofrece algunas razones para ser reseñado. El homenaje/parodia/vacile del título hacia cierta publicación musical de tirada nacional, el elenco de versiones escogidas que va desde grupos coetáneos a influencias pasando por relecturas inimaginables y los ramalazos surf  del final conforman un bonito fetiche no de obligada pero si disfrutable escucha.

Abren a toda mecha guiñándole a los Suicide Kings (olvidadísimo grupo neoyorquino de los primeros 90’s) con “First Fight”,  un tema que no hubiese desentonado en una obra convencional del combo capitalino, suben revoluciones -más- en “Yeah!” relectura del tema de los aussies Space Juniors. Primer volantazo y cambio de registro para homenajear a Rod Stewart ¿Escogen un tema de los Faces? ¿De sus obras en solitario de los primeros 70’s? No y no. La elección recae en el megahit “Hot Legs” que transmutan en un hipervitaminado y salvaje R’n’R que arrasa con todo.

Toca ajustar cuentas con viejas influencias y ahí es donde entran en juego Rose Tattoo, de los que versionan, ni más ni menos, la atómica “Astra Wally” que precede a la cima absoluta del redondo, ese “Chica Alborotada” de los Locos del Ritmo , a mi juicio, una de las mejores relecturas que jamás haya oído de este número de rock chicano, un verdadero rompepistas. Dejemos en anecdótica la versión de “Nitro” (Dick Dale) con la que echan el cierre al disco.

Como ya dejaba caer, The Pleasure Fuckers no inventaban la pólvora, más bien empleaban toda la que tenían a mano a mayor gloria de este explosivo compendio de sudoroso y ardiente Rock and Roll.

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1999, 90's, Discos, Música, Rock and Roll, Supersuckers

Supersuckers – "The Evil Powers of Rock ‘N’ Roll"

 Curioso contraste el que tuvo que producirse en la nómina de Sub Pop cuando decidieron reclutar a los Supermamones. Pongámonos en situación: Nos encontramos en los primeros 90’s, en la ciudad de Seattle, germen, cuna y epicentro de aquello que se dió en llamar grunge, en pleno reinado de grupos como Pearl Jam o Soundgarden. ¿Y quiénes eran el nuevo fichaje de la escudería? Unos tipos que decían venir de Tucson, surgidos de las cenizas de un combo punk pretérito, The Black Supersuckers, con pintas de cowpunks pasados de rosca y capitaneados por un tal Eddie Spaghetti.

Venían dispuestos a despeinar al personal a base de Punk n’ Roll cavernícola y macarrónico, y en esas estuvieron la primera mitad de la década, hasta la edición del nunca del todo ponderado “The Sacrilicous Sounds of the Supersuckers”, en el que su habitual R’n’R hijo de Motörhead y primo hermano de Zeke abría la puerta a duelos guitarreros á la Thin Lizzy (combo del que la banda se declararía en lo sucesivo como heredero y valedor) y una querencia más acusada por las tesituras clásicas.

“The Evil Powers of Rock ‘n’ Roll” primer lanzamiento de la banda tras su flirteo con el country, es, claramente, un disco continuista con respecto a “The Sacrilicous…” aunque con mayor tendencia si cabe por lo clásico, las melodías, los solos y el clasicismo rockero bien aliñado con su chulería marca de la casa. El cambio, cómo era de esperar, no sentó nada pero que nada bien al sector más talibán de sus fans, que no dudó en echarse a llorar por las esquinas acusando al grupo de pasarse al heavy metal (sic) venderse y esa clase de acusaciones, pobres de contenido, que suelen verter aquellos que conciben su música como una suerte de compartimento estanco cerrado a cal y canto a cualquier posible apertura.

El común de los conocedores de la banda, en cambio, no dudan en considerar al “Evil Powers…”  como uno de los mejores -sino el mejor- disco de los Supersuckers. Y con razón, desde luego: Nos encontramos ante un redondo potente, clásico, atemporal y, lo más importante de todo, libre de todo corsé estilístico más allá del de puro y simple Rock And Roll.

El disco abre a toda máquina, con “The Evil Powers of Rock ‘n’ Roll”, “Cool Manchu” y “I Want The Drugs”, atómicos cortes de Punk n’ Roll, pero más tamizados, lejos de la suciedad de lo que exhibían en “The Smoke Of Hell”. “Santa Rita High” aleja un poco el pie del acelerador pero mantiene el pulso hasta llegar a su icónico final para dar paso a la punkarrera “Dead Meat”. 

“Stuff n’ Nonsense” mostraba una cara hasta la fecha inédita en la discografía de la banda: La de su innegociable condición de  creadores de grandes melodías,mostrando su corazón más (pongan todas las comillas que gusten) pop por así decirlo, siendo de paso una de mis preferidas del álbum. No menos inédita era, dentro de sus cánones sónicos habituales, “Dirt Roads, Dead Ends and Dust”, una poderosa a la par que épica exhibición de Roots Rock que tuvo que dejar boquiabierto del todo a ese sector de seguidores desencantados del que os hablaba más arriba.

En “Fisticuffs” y “Gone Gamblin” retoman su vena más espídica y marrullera dando paso a la hímnica “My Kickass Life” , toda una declaración de intenciones (“I’m in the band/I’m the man with the goldtop in my hand”) Preludiando el final tenemos la solemne “Goin’ Back To Tucson”, la brevísima -y destacable- “I Can’t Hold Myself the Line” inspirado ejercicio de Punk Rock old school donde la sombra de Social Distortion se perfila alargada y, poniendo punto y final, “Hot Like The Sun” suerte de doble canción en una, de acelerado y desquiciado comienzo para desembocar en el monolítico y saturado corte que despide este genuino festín de Rock and Roll.

“The Evil Powers…” terminó de consolidar a los Supersuckers en su condición (que hoy, tantos años después, todavía mantienen) de grupo de culto absolutamente fiel a sí mismo y sus circunstancias. Ajenos a florituras y vaivenes del negocio siguen proclamándose allá donde van “the greatest rock and roll band in the world since Thin Lizzy” , y, el hecho de que eso sea cierto o no resulta del todo irrelevante si lo comparamos con la actitud,el corazón y las pelotas que demuestran al vindicarse como tal.

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90's, Crepitos, Discos, Música, Power Pop, Rock and Roll

The Crepitos – "Wicked Mind"

 
The Crepitos fueron parte activa de ese marasmo de bandas surgidas en España a finales de los 80’s y principios de la década posterior, con querencia por las bandas de culto y especial e indisimulada inclinación por el inglés como lengua en la que expresarse. En la categoría en la que incluimos a los de León también podríamos meter a otros tantos que comparten esas coordenadas, caso de los capitales Sex Museum, los espídicos The Pleasure Fuckers, el Power Pop guitarrero de los Crocodiles, los acólitos al garage/beat 60’s cómo Dr Explosion o admiradores confesos del “one, two, three…!”  y demás herencia Ramones, caso de, verbigracia, Shock Threatment. En semejante paisaje musical, ¿Qué partido tomaban The Crepitos?

Lo suyo era, a grandes rasgos, el Rock and Roll con matices bubblegum y poperos (podríamos decir Power Pop, pero se dice y se comenta que la etiqueta no le hacía mucha gracia al grupo) aliñado con matices nada desdeñables del Nuevo Rock Americano que despuntó en los 80’s, siendo su música algo así cómo el punto de encuentro entre los combos sixties con gusto por la melodía, los Ramones de discos cómo “Pleasant Dreams” y la labor de formaciones cómo The Replacements o los Long Ryders.

“Wicked Mind”, un single registrado para el fanzine Rock Indiana, fue la carta de presentación de la banda, amén de un aviso redondo de por dónde iban a ir los tiros de su cancionero posterior.

El tema homónimo, que de paso sea dicho es mi preferido de ellos, da el pistoletazo de salida: Una poderosa batería, un omnipresente órgano, una melodía hiperpegadiza y un acertadísimo uso de los coros son las señas de identidad de este pildorazo de R’n’R hipermelódico y perfectamente construido. “Feather Brain” sería, en un mundo idílico, con un mínimo de cordura, un verdadero top of the charts, toda una exhibición de estilo y poderío en poco más de dos minutos. Es en “No Turning Back” dónde más a las claras se aprecia la querencia del grupo por las estructuras épicas del Nuevo Rock Americano, sin renunciar por ello a sus señas de identidad más melódicas e inmediatas.

Desgraciadamente (y al igual que podríamos decir del 99% del fondo de catálogo nacional de Rock Indiana) el recuerdo que ha quedado de The Crepitos es algo así como de undergrounds del underground, siendo mencionados, casi sin excepción, cómo el grupo de juventud de Juancho Bummer, bajista de los Hard Rockeros –y también recomendables, aunque un escalón por debajo de éstos- Bummer y actual escudero de Paul Collins,  sin profundizar en el hecho de que poseían un cancionero formidable, un cúmulo de influencias superior y los ingredientes de una fórmula que les permitió facturar una verdadera colección de potenciales hits.  En fin, fuere como fuere, nunca es tarde para enfrentarse al poderío de The Crepitos.

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1998, 90's, Discos, Hard Rock, Música, Punk Rock

Backyard Babies – "Total 13"

He aquí una banda que me produce sentimientos encontrados. Los Suecos, pese a facturar éste pequeño clásico del Rock and Roll en el ocaso de los 90’s, me parecen una banda que, la mayor parte de su carrera posterior nadaron en la medianía, excepción hecha a un puñado de temas, y, sobre todo, a ese tratado de Rock límpido y á la Hellacopter que fue “People Like People Like Us”. Su final ni siquiera podemos decir que fuera malo, sino, puede que peor tadavía, insulso. Sin pegada. Pero no adelantemos acontecimientos. En el ’98, los chicos del patio de atrás, eran una banda dispuesta a arrasar en el underground europeo, con un Dregen recién huido de The Hellacopters para dedicarse a tiempo completo a la banda de su vida.

 En “Total 13” se aúnan las enseñanzas de Mike Ness y sus Social Distortion, los Dead Boys y los Ramones con los poderosos riffs de grupos cómo AC/DC, con especial parada en la movida Angelina 80’s, representada por tipos como Guns And Roses o Faster Pussycat, equilibrando la balanza, el glamour y savoir faire de una influencia diría que fundamental en los primeros compases de la banda: Hanoi Rocks.

 El disco guarda más semejanzas con un greatest hits que con un compacto al uso, funcionando como una equilibrada sucesión de riffs matadores, estribillos de puño en alto y letras chulescas. “Made Me a Madman”, clásico instantáneo de la banda, abre fuego, y, lo que viene después de ahí, por todos debería ser conocido: Cortes infecciosos del tipo de “U.F.O Romeo”, “Highlights” o “Get Dead”, el single perfecto de Punk n’ Roll refrescante y pegadizo como el chicle que es “Look At You”, el macarreo destroyer deudor de Motorhead (esa línea de bajo, amigos) en “Let’s Go To Hell”, la muralla sónica de “Spotlight The Sun”, el Hard a medio gas, que no potencia de “Eightballed”. Las avasalladoras guitarras de “Ghetto You” dan paso a otro de los, a mi juicio, grandes himnos del redondo, “Subculture Hero”. Echando el cierre, la tripleta final, la rockandroller “Bombed”, la hipervitaminada “Hey, I’,m Sorry” y “Robber Of Life” un corte tan influenciado por los Social Distortion más pasados de rosca como por los Hellacas del “Payin’ The Dues”.

 No, los Backyard Babies no inventaban la pólvora con “Total 13”, pero ofrecían justamente lo que anunciaban: Trece cortes matadores que apenas daban respiro al oyente. Puede que la escuela que crearon (ya saben, bandas de tipos hipertatuados poniéndose las Gibsons a la altura de las rodillas) no pasara de anécdota y es un hecho que sus trabajos posteriores, víctimas de una tamización y refinado de su fórmula, no estaban a la altura de lo aquí expuesto, pero lo que si podemos afirmar es que con ésta obra Nicke Borg y los suyos alcanzaron su cénit, que, tristemente, se vió seguido de una tendencia claramente descendente.

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90's, Discos, Dr. Explosion, Garage, Música, Punk Rock

Dr. Explosion – "El Loco Mundo De Los Jóvenes"

Jorge Explosion es un cruzado. Un tipo que, en los primeros compases de los 90’s, bien pertrechado de instrumentos vintage y respaldado por un robusto cancionero dió rienda suelta a sus influencias sixties, con parada especial en luminarias algo olvidadas de la british invasion y aledaños como los Troggs, The Standells o The Sorrows, alguna que otra concesión al revival ochentero liderado por los Fuzztones y, -he aquí su gran diferencial-, equilibrando la balanza, poniendo en igualdad de condiciones, formaciones patrias como Los Brincos o Los Salvajes.

 Pese a que casi todo el mundo cree que “El Loco Mundo De Los Jóvenes” es el debut de los astures, lo cierto es que la banda se había presentado en largo poco antes con el cuasi-maquetero , “Vivir Sin Civilizar” ostentiblemente más escorado hacia terrenos Rythm & Blues que su sucesor aunque ya apuntando maneras.

 Alternando sin tapujos cortes en castellano con incursiones en la lengua de Shakespeare, el disco abre con una tripleta perteneciente a la primera categoría. Las dos primeras, “¡Basura!”, y la, solicitadísima en sus shows, “Eres Feo, Chaval”, dejan claro que, pese a los mimbres en los que basan su sonido, su lírica transitaba, al menos en esa época, por otros vericuetos, abrazando el gamberrismo y haciendo del desenfado sus armas más reconocibles. “Rompí la Televisión” suena a glorioso garage rock, con deliciosa caída melódica que da paso al cover de “Garden Of My Mind”, pretérito número de The Micky Finn que más tarde pondrían en boga los Fuzztones. “I Really Don’t Care”, nos trae a la cabeza , irremediablemente, a Sky Saxon y sus Seeds, mientras que “Free Your Troubled Mind” es, desde su mismo título, un corte de garage con ramalazo psych de manual. Descubren sus influencias instro surf en “Breakin’ The Wave” y sacan a pasear toda su chulería en “Hey Little Girl”, corte matador, pilotado por un riff incontestable.

 Mención especial merece “Someday”, mi preferida del disco y casi diría que de la banda. Pese a mantener el anclaje en terrenos sesenteros y afectos al rock garagero, avanza en cierto modo el viraje que darían, en ocasiones posteriores, a terrenos rayanos al Power Pop. Una verdadera joya. Retoman el pulso surfer en “Surf n’ Shake” un corte a medio camino entre Link Wray y los Trashmen. “Peep Show Baby” es otra verdadera pieza de orfebrería musical, una canción perfectamente empastada y otra de las cimas del redondo. Ya en los últimos compases del disco, enlazan un par de relecturas de relumbrón, un contundente “Vivir Sin Tí” de los Stones de Las Ramblas, Los Salvajes y “Let Yourself Go” de los casi ignotos, y suponemos por su nombre que gran influencia, The Music Explosion. “Come Back” echa el cierre a ritmo de country folk a la usanza de cómo lo facturaban los Rolling Stones de Brian Jones.

 Es posible que Dr. Explosion no cuenten con la admiración de aquellas tribunas de opinión que otorgan prioridad a la innovación sobre las canciones, aún a riesgo de que el exceso de lo primero adolezca de escasez de lo segundo, tampoco creo que gocen del aplauso de según que medios, que vuelven la vista a todo lo que huela a 60’s, no así a lo que lleva el sello de décadas posteriores. Aunque lo más seguro es que a Jorge, alguien al que no le tiembla el pulso a la hora de decir que el “Rock es aburrido, el Rock and Roll diversión” o de cargar contra el Cd-Rom, poniéndolo a la altura del calimocho en un símil de tintes enológicos, todo eso le importe un bledo. El y su banda siguen ahí, editando discos, ofreciendo conciertos explosivos y luchando por su particular concepción de esta nuestra música.

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