1990, 90's, Discos, Hard Rock, Manitoba's Wild Kingdom, Música, Punk Rock

Manitoba’s Wild Kingdom – "…And You?"

¿Qué se traían entre manos The Dictators en 1990? En teoría, si nos atenemos estrictamente a la actividad realizada bajo el nombre de la nunca del todo ponderada banda neoyorquina, el grupo se encontraba en pleno standby; Ahora bien, en la práctica, el carismático “Handsome” Dick Manitoba se encontraba al frente de un proyecto en el que le acompañaban Ross The Boss, Scott Kempner, JP Patterson  y Andy Shernoff quién, como de costumbre, se encargaba de las tareas compositivas en su totalidad. Dicho en corto, The Dictators en pleno estaban operando bajo otro nombre (Sólo Dios sabe con qué fines).

¿Cuáles son -de haberlas- las diferencias sónicas con la banda madre? Así a botepronto pocas se me ocurren. El histrionismo de Manitoba, el gusto por los coros y las melodías trabajadas se mantienen intactos. Afinando en exceso podríamos señalar cómo diferencial el trabajo guitarrero, en el que parecen darle correa a un Ross The Boss en plena resaca heavy (Cabe recordar que llevaba buena parte del decenio calzando taparrabos a las órdenes de Manowar) lo que sin duda les acercaba al -ya en trayectoria descendente- boom hard rockero de los últimos 80’s, en el cual estos Dictators 2.0 daban la impresión de querer encajar. Manteniendo sus señas de identidad, eso sí.

El disco abre encadenando tres salvas de largo alcance,de tanto, que algunas figuraban en los set lists de las últimas giras de los ‘Tators. Me estoy refiriendo, cómo no, al explícito disparo inicial, “The Party Starts Now!”, la poderosísima “Haircut And Attitude” y ese genuino grito de guerra con el que suelen abrir sus shows, “New York, New York”. Poderosos cortes, hímnicos, que basculan entre el Hard y el Punk. “D.W.I” habría encajado sin problemas en los surcos de un “Go Girl Crazy!”: Corazón punk, melodía  pegajosa como el chicle y minutaje breve, para que pedir más.

“I Want You Tonight!” retoma el gusto por el riff definitivo y el himno macarra de corearse puño en alto. En “Fired Up”, “The Perfect High” y “Had It Coming” muestran su cara más Hard & Heavy, con el bueno de Ross explayándole a las seis cuerdas, a veces en demasía, como en el caso de “Prototype” (Corte que, en cierto modo preludia a ese “I Am Right” de su laureado disco de “reunión”, “D.F.F.D”) Finalmente, cómo colofón, tenemos la trallera “Speedball”, el momento más “metálico” que Andy Shernoff haya firmado jamás.

Lo cierto es que, dando por sentada su calidad (a fin de cuentas sus artífices son The Dictators, unos tipos incapaces de grabar un mal disco) “… And You?” es un trabajo algo desconcertante. Lo es, además de por las razones citadas más arriba, por lo en “tierra de nadie” que los dejaba: Para sus seguidores de toda la vida, se trataba de un desplante inexplicable; para el target que pretendían conquistar, aquellos maduros proto-punks no tenían mucho que ofrecerles; Para nosotros,un disco a reivindicar y una -otra- prueba más de la grandeza que atesora el combo neoyorquino, qué incluso cuándo apostaban por el perfil medio y el sutil cambio estilístico tiraban a dar. Larga vida a The Dic… Manitoba’s Wild Kingdom!

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1998, 90's, Discos, Garage, Música, Pleasure Fuckers, Punk Rock, Rock and Roll

The Pleasure Fuckers – "Fuckdelux"

 Vale, The Pleasure Fuckers no eran, contraviniendo la opinión de ciertos nostálgicos de lo que se cocinaba en Malasaña, la mejor banda de Rock and Roll del mundo. Ni siquiera del país. Tampoco creo que esa fuese la intención de su cabecilla y líder indiscutible, Kike Turmix.

 El grupo era, en cierto modo, un eslabón más que completaba la faceta de Turmix de hombre renacentista del R’n’R inmediato: Un bonito colofón a su labor como pinchadiscos connaiseur (que a veces se permitía el lujo de hacer sesiones solo de Caras B), colaborador en diversos medios, destacado crápula de la noche madrileña (entre sus compañeros de juerga pretéritos se contaban Stiv Bators o los Ramones) capitoste de su propio sello discográfico y, cómo no, mítico promotor al que debemos la difusión del proto punk, el high energy de las antípodas y las manadas de grupos escandinavos por estas tierras.

Por si todo eso fuera poco, para colmo, The Pleasure Fuckers llegaron a ser una verdadera banda de culto con todas las de la ley: Sus trabajos eran distribuidos por una miríada de sellos undergrounds de reconocida solera (Crypt, Sympathy For The Record…) se patearon el ancho mundo repartiendo r’n’r attitude a raudales, hicieron giras con Nashville Pussy (haciendo fechas en fumaderos de crack) y Dead Moon, tocaron en universidades yankees marcándose la vacilada de hacer sets enteros de The Dictators… En fin,podríamos seguir citando vicisitudes, recodos y demás muestras de poder del grupo ad aeternum.

Puede que la fórmula de los Fuckers no fuese el paroxismo de la originalidad, pero era francamente efectiva: Estructuras, shuffles y licks del primitivo early R’n’R hipervitaminadas y haciendo parada en Detroit y Nueva York. El resultado era como una locomotora descarrilando de manera permanente, con Mike Sobieski y Norah Findlay cruzando sus guitarras y los aullidos desquiciados de el gordo rematando la faena.

Ni que decir tiene que “Fuckdelux” no es la obra por la que el grupo será recordado. Ahí tenemos “Supper Time” (con la icónica portada de Mauro Entrialgo) o el vindicado “Ripped To The Tits” para mostrar los vicios y virtudes del combo. Pero qué quereis que os diga, éste maxi ofrece algunas razones para ser reseñado. El homenaje/parodia/vacile del título hacia cierta publicación musical de tirada nacional, el elenco de versiones escogidas que va desde grupos coetáneos a influencias pasando por relecturas inimaginables y los ramalazos surf  del final conforman un bonito fetiche no de obligada pero si disfrutable escucha.

Abren a toda mecha guiñándole a los Suicide Kings (olvidadísimo grupo neoyorquino de los primeros 90’s) con “First Fight”,  un tema que no hubiese desentonado en una obra convencional del combo capitalino, suben revoluciones -más- en “Yeah!” relectura del tema de los aussies Space Juniors. Primer volantazo y cambio de registro para homenajear a Rod Stewart ¿Escogen un tema de los Faces? ¿De sus obras en solitario de los primeros 70’s? No y no. La elección recae en el megahit “Hot Legs” que transmutan en un hipervitaminado y salvaje R’n’R que arrasa con todo.

Toca ajustar cuentas con viejas influencias y ahí es donde entran en juego Rose Tattoo, de los que versionan, ni más ni menos, la atómica “Astra Wally” que precede a la cima absoluta del redondo, ese “Chica Alborotada” de los Locos del Ritmo , a mi juicio, una de las mejores relecturas que jamás haya oído de este número de rock chicano, un verdadero rompepistas. Dejemos en anecdótica la versión de “Nitro” (Dick Dale) con la que echan el cierre al disco.

Como ya dejaba caer, The Pleasure Fuckers no inventaban la pólvora, más bien empleaban toda la que tenían a mano a mayor gloria de este explosivo compendio de sudoroso y ardiente Rock and Roll.

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1982, 80's, Discos, Música, Misfits, Punk Rock

Misfits – "Walk Among Us"

Es curioso, existen bandas en la historia de la música que, pese a que se esforzaron por proyectar una imagen naive y dulce de ellos mismos, es inevitable recordarlos por los detalles sórdidos y/u oscuros de su biografía. Cómo ejemplo podríamos citar a The Carpenters, Badfinger o, afinando en exceso, las conexiones de los Beach Boys con Charles Manson, amén del sinfín de demonios particulares que llevaba consigo a modo de inseparable equipaje el bueno de Brian Wilson.

El legado de los Misfits bien podría situarse en el polo opuesto de esa tendencia: Pese a lo crudo y deslavazado de su sonido y a lo explícito de su oferta lírica, que iba del asesinato en serie y la mutilación a los zombis, comedores de cerebros, ovnis y demás ralea mítica de Serie B, es inevitable acordarse de ellos con cierto sentimiento entrañable. Sucede, en cierto modo, como con las películas de bajo presupuesto que le sirvieron de inspiración: Que lejos de dar miedo generan simpatía y sentimientos de evasión al que las ve (o los oye, en este caso)

Dotando de revoluciones extra al legado de los Ramones, combinándolo con su doctorado honoris causa en subcultura de los 40’s-50’s y rematando la jugada su innegable sentido de la melodía, que ni la producción prácticamente inexistente del álbum ni las montañas de power chords  podían ocultar, los Misfits debutaron en largo con un LP con más hechuras de recopilación de grandes éxitos del grupo que del disco de presentación que en la práctica era. Y eso pese a la chulería que se marcaron de dejar fuera “Last Caress”, uno de sus temas definitivos de siempre.

Aunque si de algo anda sobrado este “Walk Among Us” es precisamente de temas definitivos, de himnos, de highlights incontestables de la banda de Lodi. De hecho, me atrevería a decir que el 95% de lo más granado que editaron se encuentra aquí. No tendré la osadía de afirmar que lo demás sobra, pero sí de decir que jamás consiguieron igualar -de superar ni hablamos- esta jugada inicial.

“20 Eyes” abre fuego, poniendo de manifiesto la querencia del grupo por la velocidad desatada y el adictivo uso, tan hooligan, de los coros. Siguen con una de sus cimas indiscutibles, la mítica “I Turned Into A Martian”, dramática narración de una posesión alielígena. Una poderosa línea de bajo de Jerry Only da paso a “All Hell Breaks Loose”, un pelotazo de Punk Rock trallero e intimidante que da paso al tributo que rinden a uno de sus iconos de juventud: “Vampira”, la musa tardía de Ed Wood Jr. que, vaya por delante la anécdota, llegó a conocer a Danzig y compañía durante el transcurso de una firma de discos de la banda en Hollywood, ahí es nada.

“Nike-A-Go-Go” sigue la senda de los temas más decididamente hardcore del grupo, cosa que no podemos decir de la hímnica e imprescindible “Hatebreeders”. “Mommy Can I Go Out And Kill Tonight?” más allá de lo atómico de su título, sobra. Sobra, primeramente, por tratarse de un tema grabado en vivo, registrado con una calidad sónica que va más allá de lo cochambroso, dejando mucho que desear; y en segundo, pero no menos importante lugar, por encontrarse muy por debajo de la media general del álbum.

Afortunadamente, tras el pequeño bajón, se suceden las que a mi modesto entender son las mejores canciones del redondo. La épica “Night Of The Living Dead”, con su impagable comienzo; “Skulls”, o la clase de canción por la que amo a esta banda, con un Danzig poniendo su mejor voz a las súplicas de un psycho killer redomado (“I want your skull, i need your skull”) “Violent World”, cercana aún en la distancia a los cánones del psychobilly, al igual que la potentísima “Devil’s Whorehouse”, con sus estructuras remotamente fifties y el insidioso y machacón ritmo de batería. Tras toda esta exhibición de poderío viene la canción del disco, su colofón a efectos teóricos y casi que prácticos, me estoy refiriendo, cómo no, a “Astro Zombies” una de las cimas innegociables del cancionero de la banda, santo y seña de sus virtudes y bondades como tal. Tras esto, la brevísima -no llega al minuto- y tabernera “Braineaters” hace más las veces de outro que otra cosa.

No, el legado de los Misfits no goza de la salud que merece. Las distintas formaciones, la huida paulatina de algunos de sus miembros clave y, muy especialmente, las giras sacacuartos que bajo ese nombre está llevando a cabo Jerry Only con un par de saldos de Black Flag  no hacen más que desgastar y devaluar el buen nombre que pudo tener un día este grupo. Mas conviene no olvidar que, pese a los desagravios que a día de hoy se puedan cometer en su nombre, los primeros eslabones que conforman la singladura Misfits dieron carta de naturaleza, junto a The Cramps y los primeros Fuzztones, a la fusión definitiva entre la subcultura de épocas pretéritas y el Rock and Roll, lo que a la larga terminaría siendo un género en sí mismo del que ellos pueden vindicarse, sin rubor alguno, como pioneros.

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00's, 2002, Discos, Joey Ramone, Música, Punk Rock

Joey Ramone – "Don’t Worry About Me"

“No os preocupéis por mí”. Apropiada carta de presentación para alguien de las hechuras de Joey Ramone,  quien, al límite de su salud mental y física, soportó el trasiego continuo de las últimas giras de  los Ramones y pudo encarar la realización de su álbum en solitario, amén de prodigarse por la escena local neoyorquina, ya fuese organizando shows, o dándolos él mismo al frente de The Resistance. Efectivamente: Una fuerza de la naturaleza.

 No cabe duda de que “Don’t Worry About Me”, única y póstuma obra de Joey al margen de la banda de su vida supone una de las cimas de la saga Ramone; por un lado, es la única que puede plantarle cara a la producción previa de los de Queens, saliendo airosa; por otro, es que apenas tiene competencia en ese campo.Recapitulemos: Marky alternó su militancia en bandas de Punk Rock pasé como The Intruders o The Speed Kings con bandas tributo a los Ramones, Joey, que no se callaba una, resumió toda su singladura como un continuo karaoke; Dee Dee tenía una carrera tan prolífica cómo tendente al perfil, en el mejor de los casos, medio, y por mucho que hubiese abjurado del Punk en favor del Rap en los 80’s, la mayor parte de sus composiciones sonaban a refrito Ramoniano y Johnny, el marcial Johnny, prácticamente se retiró del negocio, excepción hecha a su aparición en un tributo a Elvis.

 En resumidas cuentas, éste disco venía a confirmar lo que muchos ya sospechábamos: Que el bueno de Joey era el mayor talento de la banda neoyorquina, y si antes de la edición de “Don’t Worry About Me” podíamos remitirnos a su pujanza en discos que claramente llevaban su sello, caso de “End Of The Century”, “Pleasant Dreams” o “Subterranean Jungle”, ahora teníamos una colección de canciones, que, sin esconderse en democráticas firmas comunitarías, ponían sobre la mesa el alcance de su genio, así como la amplitud de miras de su creador.

 En “Don’t Worry About Me” se dan cita sonidos Bubblegum, guiños al proto-punk y hasta algún ramalazo sixties, ya sea a través de sonidos ácidos o de alguna textura cercana al Folk.

 El disco abre con la archiconocida versión que realizó del oldie, “What A Wonderful World”. Resulta francamente conmovedora la fuerza y positvidad que transmite en este tema, el apego a la vida de alguien que tenía los días, literalmente, contados. Y es que, pese a la intención luminosa del disco, el fantasma de la enfermedad lo sobrevuela en ocasiones, al menos a mí me lo parece. Aunque quizás esté pecando de leer la historia al revés y de sacar conclusiones precipitadas.

 Me pasa, por ejemplo, con “Stop Thinking In About It”, que dicho sea de paso es de las mejores del disco. Esos versos que rezan  “Nothing lasts forever /And nothing stays the same /Feeling numb all over/ And totally deranged /When you finally make your mind up/ I’ll be buried in my grave” pueden aplicarse a la problemática con la chica de la canción, sí, pero resulta inevitable darle una lectura conforme a la situación por la que estaba pasando.

 En “Mr. Punchy” se marca un tema chicloso, enfermizamente pegadizo, con la aparición estelar de Captain Sensible de los Damned. Y es que, cómo no podía ser de otro modo, en la grabación del disco se dió cita buena parte de la historia del Punk Rock, y a la presencia del capitán tenemos que sumar la de gente de The Dictators, Misfits y algún Ramone, así como la del ubicuo Daniel Rey. “Maria Bartiromo”, dedicada a la conocida cómo la Sofia Loren de las finanzas”, reputada analista económica en los States y amor platónico de Joey, sigue esa línea, con ese lalalalala del comienzo que se te puede adosar semanas a la cabeza.

 “Spirit In My House” encaja a la perfección con el sonido que pusieron en práctica los Ramones post-“Brain Drain”, a saber: Denso, solemne y oscuro, cosa que también podemos decir de “Venting (It’s a Different World Today)”. En “Like A Drug Never Did Before”, desde el título mismo, saca a pasear su vena más Nuggets, mientras que en “Searching For Something” da rienda suelta a su vena acústica, de claras reminiscencias sesenteras.

 Con “I Got Knocked Down (But I’ll Get Up)” volvemos a las referencias, esta vez explícitas, a su delicada situación vital (Sitting in a hospital bed/I, I want life/I want my life/I want my life/I want my life
/It really sucks
) pero asegurándose de dejar una luz bien clara al final del túnel. “1969” es el consabido tributo al disco y la banda que volvió del revés a cualquiera que se dedicara al Rock and Roll en la Nueva York de la primera mitad de los 70’s: The Stooges. A modo de cierre, la que quizás sea mi preferida, “Don’t Worry About  Me”: Qué riff, que fraseo, que letra, que emoción a flor de piel. Qué todo. Un tema fresco, vacilón y, a decir verdad, inimaginable en un disco de los Ramones.

 Lo que devino, desgraciadamente, es por todos conocido. La enfermedad ganó la partida y Joey Ramone dejó este mundo sin ver publicada su gran obra en solitario. Para más inri, su baja pareció prender la espita necesaria para que todo el establishment y el gran público, que llevaba toda la vida pasando de ellos, agachase la cerviz ante los Ramones, ingresasen en el Rock and Roll Hall of Fame, fuesen una banda tan conocida por el ciudadano de a pie como los Beatles o los Stones y su logo un elemento perfectamente cotidiano en el paisaje urbano. Agridulce colofón para una historia tan llena de desdichas existenciales cómo de música de primera categoría. Nos quedaremos con lo último.

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1977, 70's, Discos, Jam, Música, Power Pop, Punk Rock

The Jam – "In The City"

 Digámoslo claro: “In The City”, es un debut tan disfrutable e imprescindible como las respectivas cartas de presentación de Clash, Ramones o Sex Pistols. Y me permito añadir que igual de relevante e influyente. Y es que el power trio con el que el modfather se dió a conocer irrumpió en la escena blandiendo una irresistible mixtura de frescura, clase, agresividad y eclecticismo bien entendido.

 La génesis de su sonido se remontaba al Londres de la década anterior, aquel que vivió el auge de los Small Faces y el genio ascendente de los hermanos Davies, pero, por favor, que nadie se lleve al engaño de creer que estamos ante unos consumados revivalistas: Nada más lejos. Paul Weller ponía su background y su Rickenbacker al servicio de la coyuntura sónica del momento, esto es, el Punk ’77, la vuelta del R’n’R inmediato sin florituras ni vacíos ejercicios de ombliguismo. En su faltriquera, abundantes influencias de la british invasion nativa así como algunas pinceladas de R&B y Soul de allende los mares, unos sonidos que con el tiempo se harían cada vez más evidentes en la trayectoria de la banda y se explicitarían del todo en las andanzas en solitario de Weller.

El disco es un compendio de himnos, bien nutridos de épica callejera y rabia juvenil, cómo bien evidencia “Art School”, el pildorazo que se encarga de abrir fuego y mostrar que las cartas con las que jugaba la banda eran baraja ganadora. “I’ve Changed My Adress” es todo chulería y “Slow Down” supone todo un guiño a su poso más R&B, y más concretamente a Larry Williams. “I Got By In Time” es sencillamente una de las mejores canciones de la historia, a medio camino entre la inmediatez Punk y el Soul, con una letra que desgrana cómo pocas la vuelta del hijo pródigo a los escenarios de la adolescencia, entre chicas a las que amó y antiguos amigos con los que algún día soñó cambiar el mundo y a los que ahora a duras penas saluda. El nivel no baja, ni mucho menos, en la colosal “Away From The Numbers”, de prístina elegancia e innegable melancolía en su sonido. “Batman Theme” es eso precisamente, la sintonía de Batman, un detalle simpático, pero del todo intrascendente, más aún si tenemos en cuenta el nivel al que raya el material de éste álbum.

 “In The City” da el pistoletazo de salida a la segunda mitad del disco, la más afecta (salvando todas las distancias que gusten) al Punk Rock puesto en práctica por sus compatriotas. “Sounds From The Street”, con todo su deslavazamiento, es Power Pop de primera, “Non-Stop Dancing” hubiera colado sin problemas en un LP de Dr. Feelgood y “Time For Truth”, con su cortante riff, es un pequeño clásico. La hooligan “Takin’ My Love” y “Bricks And Mortar” son las encargadas de poner el punto y final a tan exquisita carta de presentación.

 Resulta tan fácil como arduo dirimir las causas de porque el legado de The Jam no ha llegado hasta nuestros días, con la vigencia y el reconocimiento generalizado del de, pongamos, unos Sex Pistols. Es díficil de entender si nos atenemos a su insultante calidad como banda, evidenciada del todo en la consistencia de su obra de estudio; pero es algo más fácil de comprender ( que no de justificar ni de secundar) cuándo tenemos en cuenta su afán de no-rupturismo con lo anterior, llevando con orgullo el estandarte mod, y vindicando el legado de grupos como The Who o los Kinks en medio de la vorágine Punk. Pero ya se sabe, lo clásico nunca pasa de moda, y hoy tanto sus trajes de elegante corte como lo expuesto en éste “In The City” han pasado con soltura y buena nota el test del tiempo.

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1998, 90's, Discos, Hard Rock, Música, Punk Rock

Backyard Babies – "Total 13"

He aquí una banda que me produce sentimientos encontrados. Los Suecos, pese a facturar éste pequeño clásico del Rock and Roll en el ocaso de los 90’s, me parecen una banda que, la mayor parte de su carrera posterior nadaron en la medianía, excepción hecha a un puñado de temas, y, sobre todo, a ese tratado de Rock límpido y á la Hellacopter que fue “People Like People Like Us”. Su final ni siquiera podemos decir que fuera malo, sino, puede que peor tadavía, insulso. Sin pegada. Pero no adelantemos acontecimientos. En el ’98, los chicos del patio de atrás, eran una banda dispuesta a arrasar en el underground europeo, con un Dregen recién huido de The Hellacopters para dedicarse a tiempo completo a la banda de su vida.

 En “Total 13” se aúnan las enseñanzas de Mike Ness y sus Social Distortion, los Dead Boys y los Ramones con los poderosos riffs de grupos cómo AC/DC, con especial parada en la movida Angelina 80’s, representada por tipos como Guns And Roses o Faster Pussycat, equilibrando la balanza, el glamour y savoir faire de una influencia diría que fundamental en los primeros compases de la banda: Hanoi Rocks.

 El disco guarda más semejanzas con un greatest hits que con un compacto al uso, funcionando como una equilibrada sucesión de riffs matadores, estribillos de puño en alto y letras chulescas. “Made Me a Madman”, clásico instantáneo de la banda, abre fuego, y, lo que viene después de ahí, por todos debería ser conocido: Cortes infecciosos del tipo de “U.F.O Romeo”, “Highlights” o “Get Dead”, el single perfecto de Punk n’ Roll refrescante y pegadizo como el chicle que es “Look At You”, el macarreo destroyer deudor de Motorhead (esa línea de bajo, amigos) en “Let’s Go To Hell”, la muralla sónica de “Spotlight The Sun”, el Hard a medio gas, que no potencia de “Eightballed”. Las avasalladoras guitarras de “Ghetto You” dan paso a otro de los, a mi juicio, grandes himnos del redondo, “Subculture Hero”. Echando el cierre, la tripleta final, la rockandroller “Bombed”, la hipervitaminada “Hey, I’,m Sorry” y “Robber Of Life” un corte tan influenciado por los Social Distortion más pasados de rosca como por los Hellacas del “Payin’ The Dues”.

 No, los Backyard Babies no inventaban la pólvora con “Total 13”, pero ofrecían justamente lo que anunciaban: Trece cortes matadores que apenas daban respiro al oyente. Puede que la escuela que crearon (ya saben, bandas de tipos hipertatuados poniéndose las Gibsons a la altura de las rodillas) no pasara de anécdota y es un hecho que sus trabajos posteriores, víctimas de una tamización y refinado de su fórmula, no estaban a la altura de lo aquí expuesto, pero lo que si podemos afirmar es que con ésta obra Nicke Borg y los suyos alcanzaron su cénit, que, tristemente, se vió seguido de una tendencia claramente descendente.

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90's, Discos, Dr. Explosion, Garage, Música, Punk Rock

Dr. Explosion – "El Loco Mundo De Los Jóvenes"

Jorge Explosion es un cruzado. Un tipo que, en los primeros compases de los 90’s, bien pertrechado de instrumentos vintage y respaldado por un robusto cancionero dió rienda suelta a sus influencias sixties, con parada especial en luminarias algo olvidadas de la british invasion y aledaños como los Troggs, The Standells o The Sorrows, alguna que otra concesión al revival ochentero liderado por los Fuzztones y, -he aquí su gran diferencial-, equilibrando la balanza, poniendo en igualdad de condiciones, formaciones patrias como Los Brincos o Los Salvajes.

 Pese a que casi todo el mundo cree que “El Loco Mundo De Los Jóvenes” es el debut de los astures, lo cierto es que la banda se había presentado en largo poco antes con el cuasi-maquetero , “Vivir Sin Civilizar” ostentiblemente más escorado hacia terrenos Rythm & Blues que su sucesor aunque ya apuntando maneras.

 Alternando sin tapujos cortes en castellano con incursiones en la lengua de Shakespeare, el disco abre con una tripleta perteneciente a la primera categoría. Las dos primeras, “¡Basura!”, y la, solicitadísima en sus shows, “Eres Feo, Chaval”, dejan claro que, pese a los mimbres en los que basan su sonido, su lírica transitaba, al menos en esa época, por otros vericuetos, abrazando el gamberrismo y haciendo del desenfado sus armas más reconocibles. “Rompí la Televisión” suena a glorioso garage rock, con deliciosa caída melódica que da paso al cover de “Garden Of My Mind”, pretérito número de The Micky Finn que más tarde pondrían en boga los Fuzztones. “I Really Don’t Care”, nos trae a la cabeza , irremediablemente, a Sky Saxon y sus Seeds, mientras que “Free Your Troubled Mind” es, desde su mismo título, un corte de garage con ramalazo psych de manual. Descubren sus influencias instro surf en “Breakin’ The Wave” y sacan a pasear toda su chulería en “Hey Little Girl”, corte matador, pilotado por un riff incontestable.

 Mención especial merece “Someday”, mi preferida del disco y casi diría que de la banda. Pese a mantener el anclaje en terrenos sesenteros y afectos al rock garagero, avanza en cierto modo el viraje que darían, en ocasiones posteriores, a terrenos rayanos al Power Pop. Una verdadera joya. Retoman el pulso surfer en “Surf n’ Shake” un corte a medio camino entre Link Wray y los Trashmen. “Peep Show Baby” es otra verdadera pieza de orfebrería musical, una canción perfectamente empastada y otra de las cimas del redondo. Ya en los últimos compases del disco, enlazan un par de relecturas de relumbrón, un contundente “Vivir Sin Tí” de los Stones de Las Ramblas, Los Salvajes y “Let Yourself Go” de los casi ignotos, y suponemos por su nombre que gran influencia, The Music Explosion. “Come Back” echa el cierre a ritmo de country folk a la usanza de cómo lo facturaban los Rolling Stones de Brian Jones.

 Es posible que Dr. Explosion no cuenten con la admiración de aquellas tribunas de opinión que otorgan prioridad a la innovación sobre las canciones, aún a riesgo de que el exceso de lo primero adolezca de escasez de lo segundo, tampoco creo que gocen del aplauso de según que medios, que vuelven la vista a todo lo que huela a 60’s, no así a lo que lleva el sello de décadas posteriores. Aunque lo más seguro es que a Jorge, alguien al que no le tiembla el pulso a la hora de decir que el “Rock es aburrido, el Rock and Roll diversión” o de cargar contra el Cd-Rom, poniéndolo a la altura del calimocho en un símil de tintes enológicos, todo eso le importe un bledo. El y su banda siguen ahí, editando discos, ofreciendo conciertos explosivos y luchando por su particular concepción de esta nuestra música.

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1995, 90's, Discos, Killer Barbies, Música, Punk Rock

The Killer Barbies – "…Only For Freaks!"

A veces uno se pregunta quién diablos es el encargado de redactar la historia del Rock and Roll de este país. Sea por acto de omisión o inclusión, si leyesemos la versión oficial de los hechos, hasta antes de La Movida en éste país no había sitio para lo alternativo, relegando a formaciones como Los Brincos, Los Salvajes o Los Bravos a un papel rayano en lo inexistente. Unos colosos como Burning suelen ser mencionados de rondón, la mayoría de las veces para hacer hincapié en su leyenda maldita, jalonada de drogadicción y muertes. Llegados a la década de los 90’s, la inclusión en tan sesgada historia se polarizó en dos bandos: por un lado, el incipiente indie nacional, de una mediocridad tan evidente cómo su inclusión en según que medios. En la esquina opuesta del ring, cierto grupo, de cuyo nombre no quiero acordarme, y que para algunos supone la cima del Rock patrio, henchido de histrionismo, influencias siniestras y misticismo de carnaval.

Incluso a un nivel underground se producía este fenómeno. Mientras nombres destacados de la escudería Subterfuge como Dr Explosión o The Killer Barbies comenzaban a despuntar y a codearse con la escena internacional, aquí el mérito se lo llevaba cierto trasunto de la escena de Seattle, que hace poco dejó de ponerle velas a Kurt Cobain para pasar a agasajar a Madonna. ¡País!

The Killer Barbies, que grupo tan jodidamente especial. Sus discos son verdadera piezas de música de evasión, cuya escucha supone transitar senderos repletos de iconografía pop. Al igual que Lux Interior y Poison Ivy, Billy King y la explosiva Silvia Superstar unieron fuerzas en la barbie asesina para dar rienda suelta a sus filias, no sólo las musicales, haciéndolo extensible a otros ámbitos, como el mundo del cómic o el cine de Serie B. Su debut, Dressed To Kiss”, de espíritu campy y kitsch desde la misma portada y generoso en versiones, de Elvis a los Sex Pistols pasando por las Ronettes y las Lolitas, y con himnos como la generacional y deliciosa “Love Killer” o ese guiño a los seguidores del Vengador Tóxico, “I Wanna Live In Tromaville”, fue un pequeño éxito, que permitió a la banda efectuar una gloriosa minigira por los Estados Unidos, con paradas tan insignes como el festival de cine de Roger Corman, el legendario Max’s Kansas City (Por mediación de Joey Ramone) e incluso a compartir escenario con los Dictators. No está nada mal para un grupo que acababa de empezar, ¿Verdad?

Para el siempre díficil segundo álbum no se hicieron esperar demasiado, y en el plazo de un año con respecto a su predecesor veía la luz “…Only For Freaks!”. Un disco, en parte y desde la carátula, continuista de la senda iniciada en “Dressed To Kiss” y deudor de las mismas influencias de aquel, a saber: Punk Rock ramoniano y Pop 60’s a lo Ronettes/Shangri Las, abriendo la manga lo suficiente para que entrasen sonidos más contemporáneos, pero sin pasarse. No parecen las influencias más originales del mundo, lo sé, pero sabían trabajarlas hasta crearse un sonido poseedor de un aura única y perfectamente reconocible.

En “…Only For Freaks!” encontramos momentos dignos de su debut, caso de “Freak Show”, “Chinatown”, “Pinball”, “No Waves” o el homenaje a la reina del porno de los 70’s, “Traci Lords”, aunque también hay una remesa de temas que, manteniendo sus señas de identidad, se nutren de sonoridades bubblegum mostrando la cara más abiertamente pop y deliciosa de la banda, hablo de cortes como “Chainsaw Times”, “Be Your Girl” o la versión que se marcan del “Train From Kansas City” de las Shangri Las.

Lo que devino debería ser conocido por todos. Sabedores de su poco tirón por estos pagos, la banda decidió centrar sus giras en Alemania y Japón, dónde son tenidos por poco menos que un grupo de culto, siendo sus conciertos dentro de nuestras fronteras una verdadera rareza. Su labor discográfica ha quedado prácticamente aparcada (Siendo su última obra hasta la fecha el algo lejano “Sin Is In”) y hace un par de años se produjo el debut en solitario de Silvia Superstar, de clara orientación electrónica y que, más que por sus logros, parece ser conocida por según que facción de la escena como una secundona, esperemos que ilustre, del universo Alaska, de la que aparece como invitada en sus shows.

Un final, en definitiva, algo agridulce, para la historia de una banda cuya repercusión y memoria en este lugar, tran proclive a entronizar medianías, permanecen algo tibias. ¡País!

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The Devil Dogs – "Saturday Night Fever"

“El álbum que tienes entre tus manos es tu pasaporte a esto, el otro lado de la vida. SOMOS los Devil Dogs. Y TU has sido invitado a una fiesta” Así de contundente se mostraba el Power Trio neoyorquino a la hora de invitarnos a su particular fiebre del sábado noche a ritmo de Garage Punk n’ Roll de alto octanaje.

 Paradigma de entidad insobornable y por encima de tendencias, The Devil Dogs practicaban la clase de sonido que causaba furor entre los acólitos del sello underground Crypt Records, a saber: Querencia por lo vintage, gusto por los decibelios y la inmediatez por bandera. En sus anteriores y muy recomendables LP’s ya habían dejado afianzada su fórmula, eminentemente heredera del sonido de su ciudad, desde la prehistoria pop del Brill Building (factoría compositiva detrás de algunos éxitos de, por ejemplo, The Ronettes) al Punk de los Ramones pasando por, cómo no, las glorias locales del proto-punk, formaciones como New York Dolls o The Dictators. Súmale a eso un innegable aura fifties vía Elvis y algunos ramalazos Surf/Doo Woop sesenteros á la Beach Boys y te podrás hacer, más o menos, una idea de cómo sonaban Fabulous Andy G y sus compinches, pasándolo todo, eso sí, por el turmix del Punk n’ Roll más salido de madre.

 Y es que para “Saturday Night Fever”  la banda tuvo a bien afilar su sonido, subiéndolo de revoluciones y reduciéndolo en minutajes. Quizás la labor a los mandos del salvaje de Kurt Bloch (de The Fastbacks y productor de grupos como Supersuckers o Nashville Pussy) tuviese algo que ver en este endurecimiento. Cábalas aparte, la tripleta inicial “Big Fuckin’ Party”/ “Dance With You Baby”/”Gonna Be My Girl” suena cómo poco menos que una andanada que, irremisiblemente y según como nos pille, puede ponernos las pilas para el resto del día o causarnos una terrible jaqueca. No se pierden en florituras los Dogs, facturando momentos completamente motorheadianos, hasta en los títulos – “I Don’t Believe You”, “Back In The City”– escupiendo salvas punkarras del calibre de “Stuck In 3rd Gear” o poniendo su corazoncito Rockabilly al servicio de la distorsión y el guitarreo más pasados de rosca, o lo que es lo mismo, “Alright!”. Pero The Devil Dogs también tenían su poso poppie urbanita, y ahí es donde entran en juego “Backstage” -gloriosa- o esa adictiva “Sweet Like Wine”  que suena a declaración callejera definitiva. Su “Be My Baby”, vaya. Y hablando de The Ronettes, la tríada Spector resulta objeto de tributo mediante una conseguida relectura de “So Young”. El otro ofrendado es el chico de Tupelo, del que se marcan un speedico “Burnin’ Love”.

 The Devil Dogs demostraron, igual que tantos otros antes (y alguno después) que con un puñado de power chords, unos estribillos adictivos y la chulería para parar un tren que poseían, es perfectamente posible crear una obra magna de Rock And Roll. Y si no me crees prueba a colarte en esta gran fiesta que es “Saturday Night Fever” y me lo cuentas.

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The Hellacopters – "Payin’ The Dues"

 Es un hecho: Cuándo una banda bate marcas, llega lejos y rompe estúpidas barreras estilísticas siempre habrá una facción de sus acólitos que renegará de ella, se escudará en el “cualquier tiempo pasado fue mejor” y despotricará de cada lanzamiento suyo antes de haber escuchado una sola nota del mismo. The Hellacopters no supusieron una excepción a tan lamentable regla. Cuesta creer, echando la vista atrás, el poco crédito que cierta parte del público le concedía en el ecuador de su trayectoria, máxime si tenemos en cuenta la elevada media de su obra, entre lo notable y lo sobresaliente.

 Para mí, los suecos son la penúltima venida del Rock n’ Roll guitarrero en su estado más puro. Sin aditivos. Alunizaron en el panorama allá por la primera mitad de los 90’s, destilando las esencias de Stooges y Motörhead a mayor gloria de aquellas verdaderas murallas sónicas con las que debutaron en largo. Abrieron la puerta a sus adorados KISS en el potentísimo “Grande Rock” (lo que dicho sea de paso, comenzó a mosquear al sector más punkarra de su público) y, a partir de “High Visibility” abrazaron la atemporalidad, moviéndose con soltura entre las distintas tesituras del género, del High Energy a los ramalazos Stones 70’s, pasando por atisbos de Southern Rock y Power Pop. Creo hablar en nombre de muchos, al menos de mi generación, cuando digo que a esta banda le debemos el hallazgo de formaciones indispensables tales como MC5, Sonic’s Rendezvous Band o The Rubinoos, entre otras.

 Me decanto por “Payin’ The Dues” por una sencilla razón: A este disco no le sobra ni una sola canción. Además, transmite esa sensación de haberse grabado prácticamente a la primera toma, sonando crudo y deslavazado, pero sin llegar a las cotas de su predecesor, “Supershitty To The Max”. Puliendo, por decirlo de algún modo, la fórmula con la que habían dado a conocer.

 Partiendo de una base tan heredera del Detroit Proto-Punk como del Hard Rock más grasiento y punkarrerizado de los 70’s, los Hellacas presentaban, en poco menos de media hora, una verdadera colección de himnos. De la chulería rabiosa en la inicial “You Are Nothin”, a la definitoria -de aquello que se dió en llamar escena escandinava- “Riot On The Rocks”. Del sutil corazón pop, cuyo latido queda enterrado bajo una capa de riffs distorsionados de “Hey!” a esas dos salvas de artillería que son “Soulseller” y “Where The Action Is”. De la sucintamente fifties “Twist Action” a la densidad pétrea de “Colapso Nervioso” para llegar a la grand finale con la que quizá sea mi preferida del redondo, “Psyched Out And Furious”, con un Nicke Royale poseído  (“Be my backseat driver I’m takin’ over seven deadly sins”) y la presencia estelar del ínclito Ross The Boss, ahí es nada.

 Entre medias, un verdadero tratado de Rock n’ Roll chulesco, adrenalítico y atemporal oficiado por los duelos guitarreros entre los sumos sacerdotes Andersson y Dregen (Qué salió perdiendo al pasarse a los Backyard Babies, yo creo) y fielmente secundado por los cumplidores Kenny Hakanson y Robert Eriksson, compacta base rítmica. Amén del por aquel entonces flamante Bobba Fett, que aportaba teclas y regusto classy a la apuesta del grupo, resultando un factor determinante en el posterior avance de los Hellacopters hacia terrenos más setenteros y Hard Rock.

 Me sucede algo curioso con éste disco. Cuándo me lo escucho entero y me quedo con ganas de más no encuentro, por más que me afane en buscar, una apuesta sónica de similares mimbres: Ese equilibrio entre contundencia, distorsión, nitidez, rabia y clase sin resultar monótonos ni lineales. Lo mejor de todo esto es que “Payin’ The Dues” no fue la cima, sino que, tal y como decía la canción “the best is yet to come”. Y si no necesariamente lo mejor, sí episodios de incuestionable grandeza.

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