1964, Discos, Garage, Música, Proto-Punk, Sonics

The Sonics – "Here Are The Sonics!"

“Son el eslabón perdido entre Little Richard y MC5gastadísima cantinela que no por más usada deja de ser totalmente certera a la hora de referirse a los de Seattle, un combo deudor de la exuberancia del Rythm and Blues y el Rock and Roll de la década anterior, pero poseedor de una suciedad y una oscuridad que los sitúa como unos más que justificados padrinos de la primera venida Punk que viviría Detroit poco después.

 No es nada descabellado afirmar que, a buen seguro, “Here Are The Sonics!” fue el artefacto más rompedor de la época, sónicamente hablando (el reconocimiento popular fue proporcionalmente inverso) y es que los ingredientes empleados para su creación así lo acreditan: Una voz como la de Gerry Roslie, empapada de Black Screamers como Screamin’ Jay Hawkins o el propio Little Richard arropada por una banda a la usanza de los crudísimos combos instrumentales de la costa oeste (saxo incluido) tejiendo infecciosos y crujientes riffs rebosantes de distorsión al servicio de unas canciones hipervitaminadas, que aún hoy, más de cuarenta años después, siguen conservando el aura salvaje e intimidadora con las que fueron concebidas.

 En lo tocante al repertorio, nos encontramos ante una nivelada sucesión entre versiones de oldies, tan habituales en la época, y temas propios, que, bajo mi modesta opinión, son los que constituyen la verdadera cima del disco. En la primera categoría encontramos relecturas atómicas de The Contours, Chuck Berry, Little Richard, Ray Charles o Richard Berry, a las que le insuflan un plus de salvajismo extra con respecto a los originales, especialmente acentuado en el caso “Do You Love Me?”, convirtiendo el clásico Motown en un corte crudo, rápido, repleto de aullidos marca de la casa. En el segundo apartado es donde The Sonics aportan la différence, ese algo que hizo que, pese a editar un disco más y disolverse rápidamente, generaran el culto suficiente para ser reivindicados por diversas generaciones musicales a lo largo de las décadas venideras, de Dead Boys a The Cramps, del revival garagero 80’s liderado por The Fuzztones a la antesala del grunge que fueron Mudhoney. Hay un halo de oscuridad y evasión en torno a canciones como “The Witch” y “Strychnine” un aura perturbadora inédita en la época, máxime en un conjunto de chicos blancos. ¿Qué añadir acerca de cortes como “Boss Hoss”? ¿Y “Psycho”? Bueno, de esta última podemos decir que es de esas canciones que, si no hacen que te muevas, te recomiendo que encamines tus pasos rumbo a la funeraria más próxima.

 Escuchando el disco he pensado en unas declaraciones que Roslie hizo hace algunos años, no muchos, en una entrevista. En ellas venía a decir que el gran diferencial de The Sonics era que en su música no había nada de british invasion, ellos no se dejaron contagiar por el empuje de formaciones como The Beatles, Kinks o los Stones, prefiriendo aglomerar el crisol de la música cruda americana, esa línea que va desde los chillidos de Richard Penniman al ampli agujereado de Link Wray. La decisión no les aportó dividendos ni popularidad, pero sí el tardío status de pioneros y adelantados a su época, precursores de un modo de entender la música tan subterráneo como inasequible al paso del tiempo.

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