Cine

On dangerous ground (Nicholas Ray, 1951)

[El artículo, evidentemente, puede contener algún spoiler]

Ah, las expectativas, ¿No sería ideal prescindir de ellas? Juicios de valor que nos condicionan hasta el punto de poder arruinarnos una experiencia: ¿Opinaría lo mismo de esta película de no haber sabido nada de ella, de haberla cazado furtivamente en uno de esos ciclos de La2 a horas intempestivas?

Pero sabía.

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Música

Buscando en el baúl de los nisupus (uuuh)

Este estado de (¿permanente?) suspensión de la realidad, dónde el presente es mísero y el futuro se perfila incierto está desatando oleadas nostálgicas de diferente magnitud: Fotos que se comparten, grupos de WhatsApp que se reactivan súbitamente, una cierta tendencia a mirar el pasado inmediato y-no-tan-inmediato a la luz de una cierta idealización hija de la prohibición y el hastío. Todo esto ya lo sintetizaron Humble Pie en el título de su primer disco, y perdonen la traducción algo macarrónica y peregrina: Tan seguro como lo es el ayer.

Esta entrada nace de dos fogonazos instintivos, dos pensamientos a cuenta del pasado que a buen seguro no me habrían asaltado de haber seguido la vieja normalidad su plácido curso rutinario.

El primero tuvo lugar hará cosa de una semana. Ordenando mi cuarto di con una libreta. En su interior, agazapadas entre las páginas cuadriculadas, había toda suerte de items nisupus que llevaban durmiendo el sueño de los justos como mínimo entre 10 y 12 años: Folletos de Munster Records y otros sellos del ramo, octavillas anunciando conciertos en salas extintas (Presidiendo los Fuzztones), pasquines de grupos que vi pero de los que solo puedo atisbar un vago recuerdo…

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Cine, Confilmamiento

El Tesoro de Sierra Madre (John Huston, 1948)

[El texto puede contener algún spoiler menor]

Evaluando en base a lo que vemos en pantalla podemos calificar una película como mala, correcta, buena, muy buena o imprescindible. Luego, más allá, tenemos aquellas películas que al margen de su más que contrastada calidad son referentes. Iconos. Guías maestras que han servido para elaborar un sinfín de ficciones en lo sucesivo. Ahí es donde entrarían títulos como “Ciudadano Kane”, “Lo Que El Viento Se Llevó”, “Casablanca” o “El Tesoro de Sierra Madre”.

Al igual que sucede con otras obras de igual pedigrí “El Tesoro…” no se encuadra fácilmente dentro de los márgenes de un género concreto. Es cierto que puede rastrearse algún toque noir en los primeros compases de la película, con ese Bogart paseando su miseria por las calles de Tampico, entre cantinas de mala muerte y moteles infestados de alacranes y cucarachas. También hay algo de western con sabor mexicano, preludio de obras posteriores como “Grupo Salvaje” o “Los Profesionales” en la segunda mitad de la misma. Y por supuesto transmite la sensación de viaje trepidante, de hallazgo, que debe tener toda buena película de aventuras. Pero es más que eso.

“El Tesoro de Sierra Madre” es, ante todo, una mirada sobre la condición humana: La volatilidad de las relaciones, la camaradería, la codicia, la desesperación.

Cuentan que Humphrey Bogart estuvo especialmente intratable durante el rodaje. Se puede entender el porqué: El, que era una estrella consagrada (Ya tenía en su haber, por citar solo algunas, “Casablanca”, “Tener y no tener” o “El sueño eterno”) compartía protagonismo en igualdad de condiciones con Tim Holt (un currante de los westerns de serie B) y Walter Huston, a la sazón padre del director y un sólido actor de carácter, de los que lleva la vida escrita en la cara. Un peligrosísimo robaescenas que eclipsa por momentos a sus compañeros de reparto.

El personaje de Bogart (y ese es un aspecto particularmente original) juega en inferioridad de condiciones. Aquí no es el cínico impecable con guión de Chandler al que el público estaba acostumbrado. Su Dobbs es un tipo de pasado turbio (¿Un gángster que atravesó la frontera?) e instintivo como un animal. Huraño, receloso e inseguro. Volátil.

La película tiene pulso de autor. Cabe preguntarse si con otro director a los mandos habría sido una obra más genérica. Huston, campeón de los desheredados, compone estampas verdaderamente patéticas (La pelea de Dobbs y Curtin con el contratista que les ha estafado. Un dos contra uno en el que empiezan perdiendo) y otras prácticamente inéditas en el cine estadounidense de finales de los 40s: Toda la secuencia de Howard en el poblado al que acude en calidad de ‘medicine man’ remite por momentos a la etapa mexicana de Buñuel.

Un verdadero clásico, en definitiva. Y como ya se ha apuntado, una piedra de toque: Cada vez que en una película, serie o incluso animación (Me vienen a la cabeza un par de episodios de The Simpsons que deben su estructura a esta película) se aborda la desconfianza, la avaricia y el recelo dentro de un grupo hay que remitirse a “El Tesoro de Sierra Madre”. Como se suele decir: Aquí lo vieron primero -y mejor-

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1950, Cine, Confilmamiento

Winchester ’73 (Anthony Mann, 1950)

Primero de los cinco western -a uno por año, prácticamente- que protagonizó James Stewart a las órdenes de Anthony Mann inaugurando una alianza que resultaría muy beneficiosa para ambos: Mann pudo salir del gueto del noir de bajo presupuesto para convertirse en un verdadero clásico americano y Stewart, hasta la fecha más asociado a registros cómicos y/o románticos amplió su registro y reconquistó su estatus de estrella tras algunos pequeños tropiezos comerciales inaugurando una década en la que trabajaría con -tomen aire- Mann, Hitchcock, Ford o Preminger.

No es descabellado otorgarle a Winchester ’73 la categoría de piedra de toque del western de los 50’s, o dicho de otro modo: De resultar una influencia capital en la década capital del género. Su rastro también puede registrarse en Peckinpah (cierto sentido de la violencia, cierta maldad retorcida en los villanos) o incluso en el Sergio Leone de “Por un Puñado de Dólares”: Películas en ruta, itinerantes, de personajes que se buscan, se encuentran y se escapan constantemente.

Rodada en crudo blanco y negro, casi de noir, los primeros minutos de la película nos ponen sobre aviso del que será el concepto de la misma: Lin McAdam -Stewart- y su compañero “High Spade” -Millard Mitchell- llegan a un pueblo donde con ocasión de festejar el centenario de la fundación de los Estados Unidos se va a disputar un concurso de tiro. El premio, un rifle. Un Winchester del ’73.

Pero no estamos ante un poblado ni un rifle cualquiera: Se trata de Dodge City -ciudad definitiva en el imaginario mítico del oeste americano- donde son recibidos y desarmados nada menos que por los hermanos Earp. El rifle es un Winchester del 73, “uno entre mil”. Una obra de arte mecánica tan perfecta que -apuntan- resultaría inmoral venderlo por dinero.

Y ahí tenemos el concepto de la película, que corre en paralelo a su historia de venganza: Un recorrido por el oeste mítico con el Winchester (Una alegoría de la violencia que forjó la historia moderna de los Estados Unidos) a modo de hilo conductor. El rifle le será arrebatado a Lin por su némesis Dutch Henry Brown -Stephen McNally- y a partir de ahí iniciará un recorrido por lo que podría ser en palabras de Wim Wenders: “Otras 5 o 6 buenas películas del oeste”: Comerciantes dudosos, batallas con los indios, la noticia de que han barrido el 7º de caballería de Custer, bandadas de forajidos, asaltos a bancos… Cualquier artesano competente de la época podría haber hecho una película interesante a partir de cualquiera de los bloques de este film.

“Winchester ’73” es una película eminentemente coral, cuya potencia reside en buena medida en su galería de secundarios y villanos: McNally transmite verdadero peligro; Jon McIntire pasa por ser de lo mejor de la película en su rol de comerciante mestizo de vuelta de todo; Jay C. Flippen resulta entrañable como sargento de caballería cansado y fordiano; Shelley Winters es una de las mejores encarnaciones de lo que sería una chica del oeste de pasado turbio: Dulce, algo vulgar y muy resuelta y Dan Dureya encarna a un pistolero excesivo y psicótico con el inolvidable nombre de Waco Johnny Dean. Supongo que al espectador de la época le tuvo que resultar sorprendente que la estrella de la película desapareciese -a veces hasta 10 minutos- para ahondar en otras tramas o personajes. Pero es otro aspecto que hace que esta sea una obra tremendamente innovadora.

En definitiva, un muy buen western con la mano de un maestro y unas interpretaciones de primera. Más seco que lírico, como los paisajes de Tucson en los que transcurre. Y, como decía Juan Miguel Lamet, no hay otro western en el que los disparos suenen así.

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Cine, Confilmamiento

El Hombre de Laramie (Anthony Mann, 1955)

Parece que hay consenso a la hora de señalar al triunvirato formado por John Ford, Howard Hawks y Anthony Mann como el de autores definitivos del cine de vaqueros. Uno, sin embargo tiene la percepción de que el trabajo de Mann está algo menos reconocido: Recuerdo haber visto pasar por TV ‘Rio Bravo’ o ‘Centauros del Desierto’ en infinidad de ocasiones y no tanto la pentalogía de sus westerns protagonizados por James Stewart.

Rodada en imponente Cinemascope, pocos directores han sabido capturar exteriores con la majestad de Mann. Sus paisajes son prácticamente la imagen mental, casi subconsciente, que se puede tener del western.

‘El Hombre de Laramie’ tiene un pulso ambivalente (Sucede algo similar con otra obra notable de Mann, ‘El Hombre del Oeste’): No es una película de trepidantes tiroteos, cabalgadas hacia el horizonte o duelos al sol. Es más bien eso que los guiris denominan un ‘slow burner’, una película de combustión lenta, casi de thriller, que se toma su tiempo para exponer los personajes que campan por ella y sus motivaciones. Eso contrasta con sus puntuales estallidos de violencia, sorprendentes para una película del año ’55 y que en cierto modo prefiguran lo que ofrecería el género a la vuelta de la década.

‘El Hombre de Laramie’ se articula -como los mejores westerns de la historia- en torno a la idea de la venganza y la ira recta de los hombres buenos. James Stewart, en su periplo a la caza del hombre que vendió los rifles a los apaches que acabaron con la vida de su hermano, acaba en los dominios de un hacendado con hechuras de rey shakesperiano. Una figura entre épica y pragmática que divide sus afectos entre su hijo y el capataz de su rancho (una puesta al día en clave western del mito bíblico de Caín y Abel)

Y es ahí donde reside la fuerza de la cinta: En la maraña de afectos, motivaciones, recuerdos y engaños que rodean a los secundarios que se encuentra el hombre de Laramie entre las polvorientas calles de Coronado, confín del oeste a un día de territorio apache.

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Crónicas, Sin categoría

Dogo – Fun Club, Sevilla

Muerto Silvio quedan pocas dudas a la hora de afirmar que Dogo es el último exponente
eminentemente rock and roll que podemos asociar a la ciudad de Sevilla.

Y allí fue, a reencontrarse con su parroquia: Hubo algo de encuentro generacional -entre los cuarentaytantos y los cincuentaypocos , casi sin excepciones- entre las paredes de la
veterana Fun Club, donde a no mucha distancia del escenario, junto a icónicas estampas de Ramones, The Jam o Velvet Underground luce icónica la cubierta de “Ansia”. Definitivamente, jugaba en casa.

Dogo va rodeado de un plantel de músicos norteños, fajadores del rock and roll patrio (esto es, dos tercios de Señor No y el ubicuo Juancho López a las cuatro cuerdas) que recrean con gusto el sonido cadencioso, en deuda directa con Reed, Burning y los Stones del catálogo Mercenario.

Abrió fuerte, con la poderosa “Hoy vamos a ponernos bien” y de ahí en adelante todo
fueron un puñado de cartas de amor a una Sevilla, a una Alameda de Hércules, periférica,sórdida y peligrosa. Una ciudad que ya solo puede intuirse en canciones como “Rock and roll caliente” o “Polígono Sur”.

Entre las cimas del concierto, la mítica “Alma y Corazón”, la chulería loureediana de
“Vestidos para la ocasión”, la evocadora “Sueños Rotos” y una relectura deliciosamente
deconstruida del “Sureños” de, quién si no, Silvio.
Para los postres, acompañado de distintos enrolados en la causa Mercenaria, la tripleta
Sister Ray/Sweet Jane/Sympathy for the Devil terminaba de confirmar referentes y poner el broche a un concierto resuelto con oficio, actitud y corazón.

Texto encargado -¡Pero nunca publicado!- por Ruta 66

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Entrevistas, The Nomads

Entrevita a Nick Vahlberg (The Nomads)

Decanos de la nueva ola del Rock escandinavo que asoló la Europa de mediados de los 90’s, The Nomads son, hoy por hoy, una verdadera institución en lo que al R’n’R de raíz tan elegante como garagera se refiere. Podríamos decir que tras la edición de la antología Nomadic Dementia los Suecos están viviendo una segunda juventud. Nos ponemos en contacto con Nick Vahlberg, guitarra,voz y miembro fundador de la banda.

Tras casi tres décadas –desde los primeros 80’s- ¿Cómo veis, unos veteranos como vosotros, el R’n’R actual? ¿Hay alguna banda de ahora que os llame la atención?

No, realmente no. Si quiero escuchar buen Rock’n’Roll pondré algo de viejo material.

En vuestro sonido se mezcla Garage, Punk Rock, Power Pop e incluso algo de Rockabilly y guitarras Heavys. ¿Cuáles han sido las bandas que más os han inspirado?

Creo que la mayor inspiración al principio fueron los Ramones, The Cramps y The Sonics. Si preguntases a Hans el te diría que los New York Dolls.

Todo el mundo dice que vosotros sois los padres de todas esas bandas escandinavas de mitad de los 90’s. Ahora que grupos como The Hellacopters o Gluecifer se han separado: ¿Os sentís como unos supervivientes del R’n’R?

Bueno, has de recordar que tocar música no ha sido para nosotros un trabajo a tiempo completo durante mucho, mucho tiempo. ¡Si lo hubiera sido nos habríamos rendido hace mucho tiempo!

Desde la edición de vuestro último disco (“Up Tight”) han pasado ocho años. ¿No os atrae la idea de volver al estudio?

Yeah, estamos trabajando ahora mismo en nuevas canciones… Con suerte habrá un nuevo álbum en 2010!

“Up Tight” fue un poco más pop que vuestros discos anteriores (“I Can’ Wait Forever” es un buen ejemplo) Vuestro próximo disco, ¿Sonará así?

Definitivamente habrá algunas influencias Power Pop en el nuevo álbum. Aparte de eso, sonaremos como siempre lo hemos hecho.

En 2003 se editó “20 Years Too Soon – A Tribute to The Nomads” con bandas como Hellacopters, Dictators o The Robots ¿Qué se siente al recibir semejante reconocimiento?

Muy halagados.

En todos estos años, ¿Recuerdas alguna noche especialmente mágica?

Oh sí, tenemos muchas noches mágicas que guardaremos en la memoria. Una de las que me viene a la mente es el Pandora’s Box Festival en Rotterdam, Holanda, en 1984 –Nuestro primer gran show fuera de Suecia. Compartimos cartel con Gun Club, Johnny Thunders, Scientists, Chris Bailey y muchos más y pasamos un día asombroso.

En 2008 fuisteis la banda de Roky Erickson en el Peace and Love Festival en Suecia. ¿Qué recuerdas de ese día? ¿Es Roky tan tímido y raro como se dice?

Roky es un tipo realmente dulce, el mejor tío que puedas imaginar. Fue un honor darle apoyo en el escenario. Yo tuve la carne de gallina durante la mayor parte de la actuación, especialmente mientras tocaba mis favoritas, “Starry Eyes” y “Bermuda”.

¿Cómo fue vuestra última gira española? Yo pude veros en un teatro y fue una noche muy especial.

España es SIEMPRE genial… Siempre estamos esperando regresar!

Vosotros tocasteis en el –casi mítico- Serie Z y sois una verdadera banda de culto en España. ¿Supongo que conocisteis al gran Kike Turmix, no? ¿Qué recordáis de él?

Kike Turmix fue nuestro primer amigo español, lo conocimos en Francia en 1984. El nos ayudó mucho en España durante años, siempre le estaremos agradecidos por eso y lo recordaremos para siempre. Un gran, gran amigo!

¿Cuál crees que es vuestro mejor disco para introducir a alguien en vuestra música? Showdown y Nomadic Dementia no valen!

Hmm… ¿“Sonically Speaking”, quizás?

Una última pregunta: ¿Qué se siente girando junto a unas leyendas como los Ramones?

Al igual que con Roky, fue un completo honor tocar con los Ramones, ¡Mi banda favorita de todos los tiempos!

Entrevista publicada originalmente en rockandrollarmy.

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Dictators, Entrevistas

Entrevista a Andy Shernoff (The Dictators)

Nunca pueden adivinarse las conexiones que se llegan a establecer en esto del Rock and Roll, el bueno de Andy no es un miembro cualquiera en la jerarquía de la -mítica- banda neoyorquina: Miembro fundador, cerebro en lo musical y compositor principal de la formación, podría afirmarse sin rubor alguno que The Dictators son su banda. Por eso es un verdadero orgullo y un gran honor que haya tenido a bien responder a las cuestiones de este pobre juntaletras un mítico como el que nos ocupa. Sin más dilación, os dejo con Andy Shernoff y sus respuestas.

Tras todos estos años, ¿En qué punto crees que se encuentran The Dictators?
The Dictators han existido durante casi 40 años. Ha habido mucha buena música y momentos divertidos, pero creativamente se ha alcanzado un callejón sin salida para mí como songwriter. Estoy seguro de que la banda actuará alguna vez en el futuro, quizás incluso haga un show de nuevo en España, pero no preveo otro nuevo álbum.
D.F.F.D puede ser uno de los mejores redondos de esta década…Aún así, ¿No volveréis al estudio?
Wow, uno de los mejores discos de la década! Me siento halagado. Probablemente somos la única banda de la historia en hacer su mejor disco tras 20 años de ausencia… Tras estas alabanzas, no, no creo que pueda pensar en hacer otro disco de Dictators, a menos que fuese el mejor disco del milenio!
En España, los ‘Tators siempre han sido tributados tal y como se merecen (el album de tributo de Roto Records sería un buen ejemplo) ¿Cuál es tu opinión acerca de bandas españolas como Sex Museum, Bummer The Pleasure Fuckers?
Fue un honor cuando Roto Records editó el disco tributo a The Dictators, tantas bandas grandes haciendo mis canciones… Sex Museum, Pleasure Fuckers y Bummer son amigos míos, por lo que soy un gran fan de todos ellos.
¿Cómo ve, un veterano como tú, la actual escena neoyorquina? ¿Sigue habiendo buenas bandas allí?
La escena de Nueva York no es lo que solía ser. Cuando era un chico comenzando como músico toqué junto a bandas como The Ramones, Blondie y Television. No veo bandas jóvenes de ese calibre en ningún lugar del mundo y mucho menos en New York City. Es muy difícil ser innovador en estos días en los que el Rock And Roll se está cansando y entrando en su “mediana edad”. Odio sonar como un cascarrabias, pero el mejor Rock es el viejo material de los 60’s y los 70’s!
The Dictators han estado prácticamente separados en muchas ocasiones (comienzos de los 80’s, mediados de los 90’s…) ¿Tenéis personalidades difíciles o es muy duro permanecer en la misma banda todo el tiempo?
Somos viejos amigos y estamos dedicados a The Dictators, pero también necesitamos expresarnos como individuos. Es por lo que Scott tenía a Del-Lords, Ross tenía a Manowar y yo tengo a Master Plan, así como mi carrera como productor. Es saludable tomarse respiros de los demás y trabajar con otra gente para recargar. También hace que sea más excitante el que volvamos a juntarnos.
Si tuvieses que rescatar un sólo disco de la banda, ¿Cuál sería?
No estoy seguro de que quieres decir con “rescatar”… Pero si te refieres a que disco me gustaría rescatar para regrabarlo, podría ser “Manifest Destiny”, la producción es demasiado turbia para mi gusto… Si te refieres a que disco rescataría si mi casa estuviese en llamas, sería el último CD en directo, “Viva Dictators!” que es básicamente un disco de grandes éxitos.
Se dice que “Manifest Destiny” es vuestro disco menos preferido ¿Es cierto?
Eso es cierto. Fue un intento valiente de hacer un disco de Pop que pudiese tener éxito radiofónico en América. Me gustan muchas de sus canciones, pero el sonido final del disco no era el sonido que imaginé en mi cabeza.
Actualmente, tú tocas en The Master Plan (junto a miembros de The Fleshtones) ¿Que puedes contarme sobre este nuevo proyecto?
Todos esos tíos son mis colegas. Tocar en esa banda es como unas vacaciones, siempre es divertido y nunca tenemos las molestias que prevalecen en la mayoría de las bandas.
Sé que eres un renombrado enólogo: Estoy en España, escuchando “Bloodbrothers” ¿Cuál sería el vino más apropiado para esta ocasión?
Intenta con un buen Priorat… Grande y audaz con un corazón crudo, salvaje!!!
Gracias por tus respuestas, Andy. Si deseas decirle algo a tus fans españoles…
Gracias por el apoyo a lo largo de los años… Espero veros cuando The Master Plan giren por España en Mayo de 2010!
Entrevista publicada originalmente en rockandrollarmy
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Listas, Música

FUZZ, PARAMECIOS Y TACÓN CUBANO: MEMORIA DEL GARAJE 60’S AMERICANO

La música de garaje no es mala. Cristo nació en un pesebre, lo que probablemente era como un garaje en aquellos tiempos Sky Saxon

La historiografía musical es, por lo general, muy cómoda. Para hacer digerible al gran público todo el batiburrillo de fechas, nombres, cosas y casos a diseccionar se vale de ardides. Elipsis que simplifican la historia, mostrando un nítido tapiz en el que el declive de un movimiento parece dar paso al auge de su sucesor.

Así, según esta crónica oficial, el rock and roll, en el lustro que va de 1959 a 1964, feneció en los EE.UU. No existía. Se había extinguido, y tuvieron que llegar las hordas británicas, Beatles a la cabeza, para recordarle a los yankees la grandeza del invento para que se pusieran, una vez más, manos a la obra.

Esta visión, sin embargo, obvia deliberadamente la música que se facturó en los states en aquellos años: Desde el auge de la música surf al cajón de sastre del rythm and blues (que en aquel tiempo y lugar era básicamente la denominación que recibía cualquier música hecha por un negro) pasando por el despegue del soul al abrigo de las dos escuderías más pujantes del tinglado, Motown Stax. Ese fue, de hecho, el caldo de cultivo de buena parte de los protagonistas de éste artículo.

Porque, en efecto, es innegable el ascendiente que los aguerridos combos británicos tuvieron sobre estos bisoños conjuntos norteamericanos, como también lo es el hecho de que muchos de ellos comenzaron a foguearse en grupos de rock instrumental y educaron sus oídos con ráfagas de r&b. Género tendente a lo parasitario, los combos adscritos al mismo fueron esquilmando alegremente a Kinks, Rolling Stones, Chuck Berry Otis Redding, aliñándolo con escarceos con sonidos coyunturales como la psicodelia, el bubblegum o el folk rock a lo Bob Dylan y rematándolo con un elevado sentido de la inmediatez que resultó en lo que se ha dado en llamar nuggets: Rock and roll anfetamínico, simple, crudo, in glorious mono. Repasemos algunas de sus cimas.

The Trashmen – “Surfin’ Bird” (1963)

Pocas bandas ejemplifican mejor la transición experimentada por aquellos primitivos combos surferos que, como sisuse tratase del resultado de un bizarro experimento de una cinta de serie B de la época, devenían en crudos hacedores, ruidosos y deslavazados. Los de Minnesota aún llevaban sus alforjas cargadas de surf y le seguían poniendo una vela a Dick Dale(“King of The surf”, “Misirlou”, “ Malagueña “) pero es en el tema homónimo donde marcan la diferencia y se sitúan un escalón por encima de otros combos de primera hornada como los Kingsmen The Wailers: Un eslabón de protopunk espídico (no en vano formaría parte en el futuro del catálogo de Ramones The Cramps) forjado a partir del asalto al cancionero de los Rivingtons, conjunto menor de doo wop de quienes tomaban prestado (por decirlo finamente) el andamiaje del tema a partir de un par de sus coplas: “The bird’s the word” y “Papa Oom Mow Mow”.

 

The Sonics – “Here are The Sonics!!!” (1965)

thTomándole el pulso al glorioso 1965 nos encontramos con que The Rolling Stones habían firmado el capital “Out of our heads”, The Beatles daban carta de naturaleza al jangle pop en “Rubber Soul” y The Beach Boys seguían inmersos en su fantasía surfer -aunque madurándola- en “Today!”. Un año de cambio, podría decirse, aunque estos fulanos de Tacoma-Washington no parecieron darse por enterados: El pulso primitivo desplegado por los hermanos Parypa y asociados en su debut retrotraía a Little Richard, a la vertiente más negra y sudorosa del primer rock and roll. ¿Cómo pudo encajar un adolescente de la época un disco como éste? Los aullidos de Gerry Roslie, la muralla de sonido deslavazado, las versiones pasadísimas de vueltas (el “Do you love me?” de The Contours a la cabeza), la oscuridad de su imaginario de factura propia, expuesto en la tripleta ganadora del redondo: “The Witch”, “Psycho” “Strychnine”. Todo sigue sonando amenazante en el día de hoy. Un monumento a la crudeza cuya onda expansiva llega hasta nuestros días.Habría que esperar a The Velvet Underground para encontrar un grado similar de agresión sónica.

 

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Listas, Música

BEATS, YE-YÉS Y OTROS HÉROES DE LA MÚSICA RATONERA: SPANISH NUGGETS

Resulta llamativo, cuanto menos, el empeño por parte de la historiografía musical más o menos académica de nuestro país de reducir a una simple nota a pie de página el legado de los pioneros del tinglado del rock and roll patrio. Y mientras parece haber consenso a la hora de poner en valor movimientos como el rock andaluz, el jazz-rock que se facturó en Cataluña y el rollo urbano de Madrid como capitales en el andamiaje de nuestro entramado pop-rock, no son pocas la veces que buena parte de las bandas enumeradas en este artículo quedan reducidas a la categoría de anécdota.

Conjuntos inofensivos”, “niños de papá con guitarras eléctricas” y una serie de manidos tópicos que no deben distraernos de lo fundamental, a saber, la obra de un puñado de grupos que, espoleados en un principio y en su mayoría por el amor al instro-rock de combos como The Shadows, captaron la onda expansiva de The Beatles y supieron coquetear con el beat, el soul, la psicodelia, los sonidos mods y las texturas protopunk. Doble heroicidad la suya, si tenemos en cuenta el contexto en que estos conjuntos desarrollaron sus carreras: En un país que estaba inmerso hasta hace un cuarto de hora en una autarquía feroz, sorteando los zarpazos de una censura torpe pero constante y con la espada de Damocles del servicio militar obligatorio sobre sus cabezas; bajo la férula de una industria discográfica que recelaba de tanta modernidad y les imponía el repertorio a grabar forzándoles a rellenar sus discos con versiones imposibles.

Pasemos a enumerar pues, sin más dilación y en estricto orden cronológico, las piezas de éste guateque de inexcusable sabor patrio:

ScreenHunter_01+Apr.+15+20.22Los Brincos – “Los Brincos” (1966)

Cualquier intento medianamente serio de efectuar una radiografía sobre la historia de nuestro pop ha de pasar, forzosamente, por la obra de los madrileños: Tras unos inicios más afines a las esencias beatle en los que alternaban temas en inglés y en español sin tapujos, el grupo fue afianzando un sonido con entidad propia, entre el prístino jangle pop (“Mejor” entra prácticamente en terreno Byrds) y una indisimulada melancolía (“Tu me dijiste adiós”) aliñada con retazos italianizantes (“Piccole cose”) y disparos beat que nos recordaban de dónde venían (“I try to find”, “Borracho”) que cristalizó en el presente elepé, uno de los pocos discos grandes españoles de la época reivindicables en su conjunto.

 

los bravosLos Bravos – “Los Bravos” (1966)

A las huestes de Mike Kennedy siempre les persiguió la vitola de ser un grupo prefabricado (que lo eran), lo que no fue óbice para que fuesen unos intérpretes perfectamente capaces, que firmaron un estupendo compendio de pop a la inglesa y soul a modo de debut en gran formato. Con la celebérrima “Black is black” a modo de carta de presentación, Los Bravos se colaron en los charts de medio mundo logrando ser el combo español más internacional del momento. Pero el disco, afortunadamente, no se queda en un mero one hit wonder y funciona por momentos como una suerte de grandes éxitos, repleto de cortes que suenan como el improbable punto de encuentro entre el Tom Jones de la época y los combos adscritos al guitarreo elegante del calibre de los Easybeats.

 

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